sábado, 6 de diciembre de 2014

Rasputín y el ocaso de los Romanov.



        Hoy, nos detendremos en la vida de un deleznable individuo. De un santón, de un místico, de un creyente de nada, un devoto invertido y a la sazón pervertido. De un hombre que en no poco llevó a la Santa Madre Rusia a la ruina y que desventró por completo una dinastía, la dinastía Romanov. Porque sí amigos, la dinastía Romanov, aquella dinastía centenaria e inaugurada por Iván IV el Terrible tocaría a su fin de la mano de este más que dudoso personaje. El signo de los tiempos erosionaba ya a pasos agigantados a la dinastía Romanov y nuestro protagonista tuvo el ominoso honor de propiciar el canto de cisne, la guinda en el pastel de la decadencia total y absoluta de la Rusia zarista.

       Vamos pues con el personaje que nos ocupa. Seguro que la inmensa mayoría habréis oido hablar de él. Vamos pues, con Grigori Yefímovich Rasputin.

       Difícil es entender al personaje si no nos situamos en el tiempo que nos ocupa y en el lugar. Así las cosas, corría el último tercio del XIX y Rusia era todo un desgobierno. Insisto, si no os poneis en el lugar y el tiempo jamás captareis el mensaje que aquí os propongo y es que la cosa tiene su miga si en realidad quereis comprender a Rasputín y toda su corte de aduladores.

        Según cuentan las crónicas corría un 22 de Enero de 1869 cuando en un pueblo de la profunda Siberia llamado Pokróvskoye vendría al mundo un tal Grigori Yefímovich Rasputin en el seno de una humilde familia de labradores. A la sazón analfabeto, Rasputín se hizo yegüero de dudoso proceder y en una reyerta robando unos caballos Rasputín fue golpeado con una tabla por el dueño de estos. Borracho, pendenciero, juerguista e impenitente mujeriego ingresa en la secta de su lugar de origen. Porque sí es cierto que no pocos pueblos de esta inculta Siberia estaban tomados por la secta de los "flagelantes". Sus malos conducires, consistían en danzar, danzar y danzar cuales malditos. Azotábanse sin parar en tan escatológica danza y luego, se entregaban a su ritual orgiástico y sin ningún tipo de catadura moral. Cuentan que los flagelantes y su perversa religión daban rienda suelta a sus emociones sexuales más bajas para luego alcanzar la iluminación de Dios mediante consumado arrepentimiento.

         Con estos mimbres, Rasputín se hace con el liderazgo de tal secta y debido a ominosos espectáculos rayanos el escándalo es expulsado de la misma y decide abandonar Siberia. Según cuentan crónicas de dudosa procedencia es cuando comienza un viaje iniciático de unos diez años llegando incluso a recalar en Tierra Santa. Es en este viaje donde aprende la técnica de la hipnosis junto con la sanación mediante la imposición de manos para definitivamente volver a Rusia y esta vez a San Petersburgo. Aquí es cuando nuestro protagonista entra en contacto con la teoría teosófica en donde religión y esoterismo se dan la mano. Señalar que por aquel entonces Rasputín ya era algo famoso. Se rumoreaba por la capital de Rusia, San Petersburgo que un humilde sanador merodeaba por la ciudad y daba bastante que hablar considerándose a sí mismo el más adelantado y haciendo gala de ello.

          Pero no adelantemos acontecimientos. En la Santa Madre Rusia gobernaba un pusilánime, Nicolas II con una esposa llamada Alejandra Fiodoróvna en lo que para mí defino el reino de OTMA. Olga, Tatiana, Masha y Anastasia sus hijas, junto con un enfermizo heredero, el zarévich Alexei. Alexei era un niño de natural enclenque y enfermizo, para colmo de malas saludes era hemofílico. La hemofilia era el mal congénito de muchos herederos. Enfermedad siempre, siempre médicamente transmitida de madre a hijo y nunca de padre a vástago, posee la extraña facultad de impedir la cicatrización de las heridas. Cualquier accidente así las cosas, era desenlace fatal. Por añadidura, señalaré que zarévich solo había uno para heredar la casa Romanov y las tribulaciones dada la cisrcunstancia del Zar y la Zarina no eran baladíes. Estaba muy en peligro una dinastía como ya dije antes, centenaria.

        Un mal día, el zarevich cayó en desgracia y se sentía morir. Nicolás,completamente turbado buscó solución entre los médicos de la corte sin encontrarla. Es pues, cuando y bajo rumores infundados entrega su alma y la de Rusia a un monje loco y hace llamar a Rasputín. El cual en imposición de manos sana al pequeño. Diversos exégetas aseguran que la sanación del zarévich se debió a que Rasputín ordenó de inmediato el cese de suministro de Ácido Acetilsalicílico al pequeño, que como bien sabréis licua la sangre y es altamente letal para un hemofílico. Listo, dicho y hecho, Rasputín había dado un golpe audaz. Jamás se separaría de la fatalidad de los Romanov y se instauraría como principar valedor de la regia familia.

         Destacar que la facha de Rasputín no era baladí. Poseía unos penetrantes ojos verdes capaces de aterrorizar a cualquiera. Su mirada era penetrante, profunda, desconcertante. Con un solo vistazo era capaz de convencer a cualquiera.
         En cuanto a su aliño indumentario, excesivamente torpe en ese sentido. Vestía una túnica negra que rara vez se quitaba, todo ello unido a luengas barbas y no menos largos pelos parecía un estrafalario santón escapado de a saber que monasterio de tal guisa adobado. Se lavaba poco, de natural era sucio y maloliente. Solo consentía bañarse en los baños públicos en los cuales se encerraba con sus damiselas de alta alcurnia para cometer desmanes sexuales. Decían poseía prominente miembro capaz de hacer sonrrojar al de Fernando VII y si bien tal apéndice está expuesto en un museo en San Petersburgo no está nada clara esta parte (evidentemente los hombres tenemos seria tendencia a obviar esas cosas). En cuanto a su personalidad era díscola, hedonista y pendenciera. Borracho, muy borracho y comedor excesivamente comedor. Se le veía no pocas veces deambular por San Petersburgo en tremendas melopeas acompañado, como no con su esperpéntica traza estética. Por añadidura, hablaba de forma rara, omitía artículos y conjunciones y las más de las veces su conversación era difícilmente comprensible en lo ortodoxo. En cuanto al trato personal el mismo que el psicológico yendo de un extremo a otro, ora abrazaba a su interlocutor, ora lo maldecía con ominosos insultos. En esencia, y como podéis observar, un puto desastre a excepción de sus 28,5 cms de naturaleza viril.

            Su verdadera vocación era controlar los designios de la Santa Madre Rusia cual zarezuelo de baja estofa. Poco a poco se va ganando los favores del Zar que pusilánime a la sazón, para nada leía entre líneas las intenciones de Rasputín. Así las cosas en el año del Señor de 1907 Rasputín aconsejó al zar en lides religiosas y logró deponer al arzobispo de San Petersburgo, pero es que queridos amigos de este nuestro blogg, a partir de 1911 no se tomaba ni una solución política no estuviese tamizada por Rasputín, ante lo cual la aristocracia y la Duma empezó a desconfiar de tamaño personaje, ya que temían modificara el sistema de castas de la época. Así las cosas, la policía zarista observaba muy de cerca sus intenciones, juergas, escándalos y chandríos mas el zar omitía palabra. Hasta tal punto llegaron sus desatinos que las malas lenguas decían se acostaba con la zarina, no por nada la Duma encontró una serie de cartas que comprometían a la esposa de Nicolás.

            Así las cosas, Rasputín gozaba de la penitencia. Una de sus raras costumbres era la de ayuntarse tanto con finas damiselas como rameras en lujuriosas orgías en donde todo valía. Para luego y una vez ahíto de sexo contratar los servicios de una prostituta desnudarla y no osar tocarla como muestra de enmienda y de esa forma se purificaba. Todo un caso.

             Tiempos convulsos, una guerra de proporciones bíblicas sin duda amenazaba a Europa, la Primera Guerra Mundial. Aquella que desventraría por completo el sistema imperial europeo y que cambiaría la faz de la Tierra para siempre. 10.000.000 de infelices perecieron en la contienda y el zar se encuentra como siempre dubitativo a la hora de entrar en conflagración o no entrar. Rasputín, conmina a Nicolas II y obliga a este a no participar en tamaña guerra. Y es que a Rasputín y dado su modus vivendi le iba excepcionalmente bien así. A tal extremo llegó nuestro monje loco que amenazó al zar si tomaba cartas en tal guerra. La amenaza sería la desaparición de la dinastía Romanov en esa refriega. Amenaza que se tornaría triste realidad por mor de los acontecimientos.

            El zar desoyendo por una vez la embajada de Rasputín no solo toma partido en la guerra sino que a la larga y dados los magros resultados de la contienda consiente en acudir al frente en dirección de sus ejércitos y no contento nombra a Rasputín como máxima autoridad en su asusencia. En mi opinión, una contraprestación ante declarada rebeldía hacia el monje loco. Así tan aciago el percal, Rasputín de valido con todos los honores otorgados por un grande de Rusia se hace rodear de legión de aduladores, en su mayoría amigachos de pendencias y holganzas. Rasputín ya es el hombre más poderoso de Rusia e instaura un régimen si bien no de terror de discolidad y molicie sin límites.

        
La Aristocracia completamente patidifusa ante el cariz que toman los acontecimientos pone cartas en el asunto y entra en escena un príncipe, por Yussupov llamado el cual y durante bastante tiempo había entablado falsa amistad con Rasputín por si las moscas. Yussupov entra en contacto directo con el monje y le insta a celebración en su palacio. Rasputín, confiado de sí mismo y en su loco empeño de apuntarse una juerga más gratis obvia a su guardia y acude solo allá pasada la medianoche al palacio Yussupov sin su guardia pretoriana. Atendido como se merece con debida pompa y circunstancia Rasputín se sentía cómodo ante la flor y nata de la Santa Madre Rusia. Aristócratas, bellas damiselas, delicuescentes criadas y toda suerte de fasto y oropel se dieron cita en tan magno convite. Señalar que Rasputín también pretendía a la mujer de Yussupov y es que no se conformaba con nada este hombre, ni con la zarina.

          Rasputín diatribaba, reía con risas sarcáticas carcajada en grito, obviaba, desdeñaba, faltaba respetos y disponía, mandaba, y gobernaba en la invitación. No en vano todo el mundo le debía pleitesía y es que era el dueño y señor desde los Cárpatos a Vladivostok. Se tambaleaba en profunda borrachera de los mejores caldos, gritaba y blasfemaba y....... presa de etílico delirio comía pasteles pese a que nunca le gustaron. Pasteles regados de una cantidad de cianuro suficiente como para tumbar a un paquidermo. Pastel, tras pastel, dulce tras dulce Rasputín no caía ni a tiros. Y es en este momento donde Yussupov ya no soportando a tal individuo en su casa en compañía de invitadas, invitados y cómplices sube a su habitación y saca un revolver Browning letal a cortas distancias.

           Como no es de destacar el príncipe Yussupov y sus intenciones no eran vanas. Harto estaba. Descerraja a Rasputín un tiro en el pecho dando pábulo a la muerte del monjecito de marras. Sabiéndose ganador de una vez por todas y para nada usurpador de ningún trono había dejado a la Santa Madre Rusia sin valido, valiese o lo que fuera. Sus conciliábulos para nada eran baladíes mas subió a piso superior para confirmar a sus correligionarios el asesinato. Rasputín era al fin y a la postre un hombre como el resto. Provisto de corazón, riñones, cabeza y extremidades pero su aura de santo de la Madre Rusia hizo sospechar a Yussupov estar ante la misma figura de Jesús de Nazareth, ante lo cual quiso confirmar su obra por si hubiese quedado alicorta. Cual no sería su sorpresa al encontrar a un Rasputín bañado en sangre todavía vivo escapando de la mansión y coleando. Recogió una vez más su revolver y le asestó tiro más en la cabeza. Por si esto no fuera poco, barra de hierro en mano machacó el cráneo de su víctima para luego entre secuaces arrojarlo al río Néva, a la sazón helado. Así las cosas Rasputín abandonó de tal guisa este valle de lágrimas que para él no fue sino de fiesta en fiesta. Rasputín siempre fue un fiestas.

              Pero las risas no acaban aquí. Dos días después sacaron a nuestro ya famoso personaje del río y se pudo confirmar que ese monje loco, cabrón o lo que Dios diese a entender no había muerto de heridas, sino ahogado. Y es que la posición de sus brazos en su rigor mortis intentando salir a flote así lo delataron. Eso sí..... Rasputín, estaba bien muerto. A fe de Dios, había ya ingresado en el averno.

            Nicolás y de regreso de su cruzada la cual no voy a relatar, como buena persona se quedó sin santón en tal mudanza y sin remedio para su hijo, así las cosas exilió a los conspiradores para siempre jamás y a Dios gracias por ello. Nicolás II, su mujer, el zarevich y el reino de OTMA (Olga, Tatiana, Masha y Anastasia) deambularon en triste acaecido por diferentes palacios rusos hasta que en uno de ellos y a la voz de "Ciudadano Romanov" con la excusa de hacerles una foto unos bolcheviques los ametrallaron en el sótano de tal residencia. Señalar que Nicolás tapó los ojos de su hijo de corta edad , enfermo. Solicitó una silla para él y se la denegaron. Las niñas no murieron en el acto. Portaban tal cantidad de joyas cosidas a sus vestidos que las balas rebotaban en sus cuerpos y hubo que rematarlas de tiro en la cabeza. Y.... es que hasta la salvación les negaron sus primos ingleses, alemanes y austríacos. Asilo pidieron los Romanov a sus diferentes familias europeas pero beneficencia fue denegada. La Primera Guerra Mundial estaba fagocitando la edad de los imperios europeos y los Romanov fueron sus exponenciales víctimas. Europa estaba cambiando, sin duda. Europa, Europa... tan bonita y tan histórica. El mejor continente que dieron los siglos y darán, iba a pasar a la mayor inmundicia con la Primera Guerra Mundial y luego con la Segunda Guerra Mundial. Eso sí..... es un continente pequeño pero admirable. El ser humano no es de natural antropológico europeo pero su ideología si. Los Romanov... el bueno de Nicolás, la zarina, el zarevich y el reino de OTMA (Olga, Tatiana, Masha y Anastasia) pagaron muy, muy caro un juicio sumarísimo ya que el resto de las familias reales europeas les iban a la zaga en incompetencia e ignorancia del sentir de su pueblos. Que culpa tuvieron unos tiernos infantes de acabar así????. En mi opinión ninguna. Pero el Comunismo.... fue así. Ora Katyn, ora los gulag, ora Paracuellos del Jarama aquí en España. Lo importante es cepillarse gente inocente. Pero...... en el caso de los Romanov....................................:

.                RASPUTÍN,ESTABA MUERTO PERO SU PROFECÍA LA DEJÓ BIEN ESCRITA: LOS ROMANOV DESAPARECERÍAN INEXORABLEMENTE.

              Como síntesis y abandonando la realidad de Rasputín he de decir que España sigue igual. Todavía hay gente que cree en supercherías del asunto que ocupó a Rasputín. Véase santones tales que Aramis Fuster, taroteros, nigromantes y quirománticos de todo tipo. En otro orden de asuntos pastores televisivos de poco escrúpulo y mucha labia inundan las cadenas norteamericanas haciendo todo tipo de parodias ya que el protestantismo mal entendido es así. En mi opinión el destino está escrito. Un destino amargo como el de los Romanov o dulce como el de Dalí, Frank Sinatra o Xavier Cugat. Como ya bien conduje en un principio este post, los tiempos son los tiempos y todos somos hijos de ello. Rasputín fue un embaucador, un sinvergüenza y un falso profeta pero no menos que los que deambulan por ahí inventándose nuevas religiones y métodos para ser feliz a cambio de unos cuartos. Eso son sectas, como Rasputín y es que en religión está todo muy visto. Lejos de la ortodoxia para mí es sectario y...... os lo dice un impenitente agnóstico. Cada uno con su conciencia.

         Y.... ahora vedlo. En programas retro aparece de vez en cuando el puto Rasputín. Yo me quedo con la negra de caderas anchas. No me va lo andrógino:

        https://www.youtube.com/watch?v=OBXRJgSd-aU