jueves, 3 de julio de 2014

La masacre y el accidente de Katyn.



      Pocos paises han acusado tanto la Segunda Guerra Mundial como la católica Polonia. A decir verdad, creo que comparativamente hablando fue sin duda alguna el país que más sufrió la injusticia de tal guerra. Polonia, insignificante país en lo militar estuvo al socaire de los caprichos de dos paranoicos uno Adolfo Hitler, otro José Stalin. Y es que lo que aquí voy a narrar es producto en parte de la barbarie en primera instancia y posteriormente de la mala suerte. Soy de los que piensa que nada es casualidad y mucho menos la mala fortuna pero lo del bosque de Katyn no tiene nombre ni parangón alguno. Vamos pues con un bosque en no poco maldito. El bosque de Katyn.


       Corría el año 1940 y una aciaga primavera cuando en virtud de un tratado anterior el Tratado Ribbentropp-Molotov Polonia sería dividida en dos bandos. Una Occidental al socaire de la Alemania nazi, otra Oriental con los rigores del stalinismo. Así las cosas Stalin tomaría muy buena nota de ello y haría de su porción polaca su cortijo particular. Stalin no se andaba nunca con milongas y quiso depurar por completo el organigrama tanto militar como intelectual de su Polonia ocupada. Su misión fue pues la de hacer de Polonia un nuevo país siempre a sus gustos revolucionarios y para ello reclamó a toda la plana mayor del ejército e intelectualidad polaca en diferentes campos de concentración para así uno a uno ajustarles las cuentas. Su escenario sería el bosque de Katyn y ahí desarrollaría sus purgas en un tiempo record de tan apenas 3 meses.

     Organizado por Laurenti Beria, 24.000 militares polacos junto con la práctica totalidad de la intelectualidad polaca se dieron cita en ese bosque. Oficiales de baja, media y alta graduación junto con periodistas, profesores, escritores y científicos fueron asesinados de un tiro en la nuca y enterrados o semienterrados en zanjas de baja profundidad.

      Baste como ejemplo de la barbarie el que aquí voy a citar. Los polacos, se concentraron para hacer una misa en uno de los campos de concentración, más en concreto en el campo de Starovielsk. Evidentemente la nomenklatura stalinista que perseguía religiosos por doquier no consintió tal misa. Así de entrada, al capellán se le ordenó abjurase y ante la negativa del mismo se procedió a su depuración religiosa. Dado que con diversas palizas y que los electrodos colocados en sus ojos no daban el resultado esperado, se procedió a tumbar al capellán en un jergón atado de pies y manos con hambrientas ratas debajo del mismo. Señalar que al pobre capellán lo sacaron hecho un cristo y en estado completamente lamentable ante lo cual el oficial de más alto rango y dado que sus métodos no habían dado resultado se lo quitó de encima pegándole un tiro en la nuca. No era cuestión de devolverlo así a los barracones y que el resto de los presos se soliviantaran. Hay líneas delgadas las cuales no han de traspasarse y si se hacen de forma harto sucinta. La religión es una de ellas. Mejor tapado que expuesto.

      El acuerdo Ribbentropp-Molotov acabó completamente quebrado con la Operación Barbarroja o la invasión de la URSS por parte del Tercer Reich. Con estos mimbres Hitler comenzó una ofensiva brutal hacia el este de Europa enviando al fin y a la postre a 4.000.000 de soldados de diferente nacionalidad. Como era de esperar la Wehrmacht invadió la porción oriental de Polonia y las tropas alemanas ajenas, todo hay que decirlo a lo que se iba a dar en sus propios campos de concentración sencillamente se quedaron con la boca abierta cuando llegaron a Katyn. Miles y miles y miles de fosas a medio acabar hacían de ese bosque de abedules el mismísimo averno. Manos, cabezas, piernas, pies y toda suerte de extremidades humanas sobresalían de las tumbas habiendo sido pasto de las alimañas. El escenario dicen fue rocambolesco. Los alemanes sencillamente no daban crédito a lo que veían sus ojos e inmediatamente lo comunicaron al Estado Mayor y llegó a oidos de Goebbles, ministro de propaganda nazi. Goebbles como mentiroso compulsivo que fue durante toda su vida no dudó en hacer propaganda del hecho consumado por los soviéticos (quizá fue la única vez que dijo la verdad). Pero..... no esperaba el efecto opuesto. Stalin, víctima ahora sí de la ofensiva nazi y en lo militar aliado dijo lo contrario: La matanza había sido perpretada por los nazis. Ante lo cual los aliados también apoyaron la tesis de Stalin. Pero...... los aliados siempre supieron que antes de la Operación Barbarroja, durante y después que Stalin había ordenado asesinar a aquellos infelices. Mentira tras mentira, embuste, tras embuste entre Stalin, Hitler y los aliados. Y es que amigos....... hay una realidad palmaria: La primera víctima de la guerra es siempre, siempre la verdad.

       Este secreto, fue ocultado hasta bien entrado 1990. Sí, habeis leido bien, 1990. Paradójicamente aquel líder de la Perestroika, Gorbachov no se atrevió a desclasificar los archivos y tuvo que hacerlo Boris Yeltsin. Hasta entonces los autores materiales de las matanzas de Katyn habían sido los alemanes y no los rusos. Y los aliados siempre, siempre apoyaron esa tesis a sabiendas de que no era para nada cierta.


         Y.... ahora viene la segunda parte de la historia. La cual cuando menos tiene, y mucho de maldito.

       Corría el año 2010 y más en concreto un 10 de Abril y un Tupolev de las Fuerzas Armadas polacas cuando un obstinado piloto desobedece por completo a una torre de control la cual le indica abortar el aterrizaje debido a la meteorológía adversa desde la base aérea de Smolensk. Así las cosas, la desobediencia fue fatal, y el avión se estrelló con 96 personas a bordo incluido el presidente polaco, Lech Kaczynski, su esposa, el director del Banco de Polonia, el jefe del ejército polaco junto con no menos de 40 personajes más de la vida pública polaca y familiares directos de aquellos infelices que fueron masacrados por el stalinismo en el bosque de Katyn.

     El accidente desarboló por completo el sistema político de la ya democrática Polonia dejando al país sin gobierno y sin personalidades tanto del aparato político, militar y religioso. Indudablemente fue una tragedia pero esta tomó más relevancia si cabe debido a que la misma se perpetró justo en el mismo bosque en el que fueran asesinados aquellos 24.000 infelices a los cuales anteriormente he referido. Justo entonces se cumplían 70 años de la masacre de Katyn y esa legación diplomática acudía con la mejor de las intenciones a rendir un homenaje a aquellas víctimas del terror stalinista. Los hijos y nietos de aquellos 24.000 asesinados por Stalin habían también pues sucumbido en ese accidente aéreo.


       Y es que bien mirado la mano de Stalin es negra y alargada. Stalin, el mayor asesino de la Historia de la Humanidad sonrrojando por completo a Hitler se había así cobrado la vida de otras 96 personas más y a raíz de un fatal desatino no exento de negligencia. En esta vida, nada es casualidad y lo que en un momento puede ser algo completamente fortuito, un conjunto de situaciones adversas y el destino hace que la tragedia se repita una y más veces.

      La católica Polonia, otra vez había sucumbido pues al amargo destino de su ya de por sí lamentable devenir. Primero la ocupación soviética, luego la nazi, más tarde las garras del stalinismo y ahora un gobierno elegido democráticamente completamente diezmado por culpa de un fatal accidente aéreo que nunca debió producirse.

     Cuando leáis algo sobre Polonia siempre sabed que el Siglo XX le fue completamente adverso y en no poco también el XXI. Sabed que el pueblo polaco ha sucumbido a altísimas cuotas de sufrimiento, perversiones, mutilaciones, tragedias, injusticias. Que ha sido privado muchas veces de lo sagrado y que nadie, absolutamente nadie hizo nada por evitarlo. Ni los alemanes por un lado, ni los soviéticos por otro, ni aún los aliados y ni mucho menos como en el caso que nos ocupa su esquiva suerte. Y es que 50 años para reconocer una purga de tamañas dimensiones junto con 70 más para volver a sucumbir en un accidente de proporciones bíblicas es ya mucho rizar el rizo.