sábado, 28 de marzo de 2015

Impunidad.

        
       
      

       Modificado a mi gusto, es una historia sobre impunidades. Una maraña de injusticias, desafueros y atropellos sin cuento. La auténtica realidad.
        En verdad, y siendo de natural sincero no es mío. Eso sí, he añadido y quitado lo que he considerado decente o indecente en una sempiterna historia sobre indecencias que no es sino esta. Vivimos en un sistema que ya hace tiempo no pretendo cambiar, antes bien, sí observar. Observar, en esencia como se va la vida, como sobreviene la muerte. Como decía Gonzalo de Berceo "Tan callando". Así las cosas, esto es el profundo escepticismo del día a día el cual en no poco nos solaza a la par que nos otorga la falsa presunción de "intocables". No llamarse a engaño, somos cómplices luego pagamos impuestos. Hasta los parados los pagan.... No pocos aranceles van directamente orientados en perfecta secuenciación y en función de lo que marcan los tiempos más o menos a lo que aquí expongo. "El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra", según dicen. La reflexión es básica, mas no os engañéis, por mucho que queráis cambiarlo de seguro se os antojará imposible como a mí. 

       
En otro orden de asuntos no quiero que nadie me tome por una ideología, menos por ideólogo, una casta, partido político u otro. Sencillamente, ese es el gran pecado. La gran ramera que da vitola de justicia, injusticia y algo peor, de IMPUNIDAD según se piense en función de una realidad la cual justifica vanamente es la política. El sentido común es lo que debe primar ante la realidad. Y esto es una realidad pero el arte de la política sin duda alguna lo justificará para no pocos. Aquellos los cuales en su ignorancia quieran exponer e ignorar su fanatismo.


        Vamos con ello. Una historia sobre impunidades:


            -El Diablo es pobre:

     En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas son las cárceles que encierran a los prisioneros del miedo. Las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes. Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confíe. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza,secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: cuidado. Los peligrosos acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
      Los pobres: los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables.
     El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Solo nos falta saber por qué los pobres son pobres.
     ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?. De seguro es así.

       Como añadido, las gaviotas han cambiado de repente su dieta. Ya no están en el mar alimentándose de peces. Están en los basureros. También les es más cómodo como a nosotros ir al supermercado en vez de cazar.


   
  -Ocurrió en Washington, en 1886.
    Las empresas gigantes conquistaron los mismos derechos legales que los ciudadanos vulgares y silvestres. La Suprema Corte de Justicia anuló más de doscientas leyes que regulaban y limitaban la actividad empresarial, y al mismo tiempo extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley reconoció a las grandes empresas los mismos derechos de las personas, como si ellas también respiraran: derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad...
      A principios del siglo veintiuno, así sigue siendo.


      -Breve historia de la siembra de la Democracia en América:

    En 1915, los Estados Unidos invadieron Haití. En nombre del gobierno, Robert Lansing explicó que la raza negra era incapaz de gobernarse a sí misma, por su tendencia inherente a la vida salvaje y su incapacidad física de Civilización. Los invasores se quedaron diecinueve años. El jefe patriota Charlemagne Peralte fue clavado en cruz contra una puerta. Veintiún años duró la ocupación de Nicaragua, que desembocó en la dictadura de Somoza, y nueve años la ocupación de la República Dominicana, que desembocó en la dictadura de Trujillo. En 1954, los Estados Unidos inauguraron la democracia en Guatemala, mediante bombardeos que acabaron con las elecciones libres y otras perversiones. En 1964, los generales que acabaron con las elecciones libres y otras perversiones en Brasil recibieron dinero, armas, petróleo y felicitaciones de la Casa Blanca. Y algo parecido ocurrió en Bolivia, donde algún estudioso llegó a la conclusión de que los Estados Unidos eran el único país donde no había golpes de estado, porque allí no había embajada de los Estados Unidos. Esa conclusión fue confirmada cuando el general Pinochet obedeció la voz de alarma de Henry Kissinger, y evitó que Chile se volviera comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo. Poco antes o poco
después, los Estados Unidos bombardearon a tres mil panameños pobres para capturar a un funcionario infiel, desembarcaron tropas en Santo Domingo para evitar el regreso de un presidente votado por el pueblo, y no tuvieron más remedio que atacar Nicaragua para evitar que Nicaragua invadiera los Estados Unidos vía Texas. Por entonces, ya Cuba había recibido la cariñosa visita de aviones, buques, bombas, mercenarios y millonarios enviados desde Washington en misión pedagógica. No pudieron pasar más allá de la Bahía de los Cochinos. Pocos saben que Bahía Cochinos fue un proyecto de Einsenhower y que se lo pasó a Kennedy, en parte para estafarlo. La verdadera operación de Kennedy fue la "Operación Mangosta" mucho más seria y eficaz pero igualmente de irresolutiva. Kruschov había puesto un zapato encima de la mesa pero también le salió mal. Tuvo que retirarse sopena le llovieran bombas atómicas en el Kremlin. 

      -Quiéreme mucho:

    Los amigos de Adolf Hitler tienen mala memoria, pero la aventura nazi no hubiera sido posible sin la ayuda que de ellos recibió. Contó con el temprano beneplácito de la Iglesia Católica. Sin los votos católicos Hitler nunca hubiese ganado las elecciones. O.... es que alguien duda de mi opinión cuando nunca osó invadir tan pequeño país lleno de riquezas y reliquias?. Hugo Boss vistió su ejército. Bertelsmann publicó las obras que instruyeron a sus oficiales. Sus aviones volaban gracias al combustible de Standard Oil y sus soldados viajaban en camiones y jeeps marca Ford. Henry Ford, autor de esos vehículos y del libro "El
judío internacional", fue su musa inspiradora. Hitler se lo agradeció condecorándolo con la Cruz de Hierro. También condecoró al presidente de la IBM, la empresa que hizo posible la identificación de los judíos. La Rockefeller Foundation financió investigaciones raciales y racistas de la eugenesia nazi. Joe Kennedy, padre del presidente, era embajador de los Estados Unidos en Londres, pero más parecía embajador de Alemania. Y Prescott Bush, padre y abuelo de presidentes, fue colaborador de Fritz Thyssen, quien puso su fortuna al servicio de Hitler. El Deutsche Bank financió la construcción del campo de concentración de Auschwitz. El consorcio IGFarben, el gigante de la industria química alemana, que después pasó a llamarse Bayer, Basf o Hoechst, usaba como conejillos de Indias a los prisioneros de los campos, y además los usaba de mano de obra. Estos obreros esclavos producían de todo, incluyendo el gas que iba a matarlos. Los prisioneros trabajaban también para otras empresas, como Krupp, Thyssen, Siemens, Varta, Bosch, Daimler Benz, Volkswagen y BMW, que eran la base económica de los delirios nazis. Los bancos suizos ganaron dinerales comprando a Hitler el oro de sus víctimas: sus alhajas y sus dientes. El oro entraba en Suiza con asombrosa facilidad, mientras la frontera estaba cerrada a cal y canto para los fugitivos de carne y hueso. Coca-Cola inventó la Fanta para el mercado alemán en plena guerra. En ese período, también Unilever, Westinghouse y General Electric multiplicaron allí sus inversiones y sus ganancias. Cuando la guerra terminó, la empresa ITT recibió una millonaria indemnización porque los bombardeos aliados habían dañado sus fábricas en Alemania.


       -Cielo de Hiroshima, agosto de 1945.

       
El avión B-29 se llama Enola Gay, como la mamá del piloto. Enola Gay trae un niño en la barriga. La criatura, llamada Little Boy, mide tres metros y pesa más de cuatro toneladas. A las ocho y cuarto de la mañana, cae. Demora un minuto en llegar. La explosión equivale a cuarenta millones de cartuchos de dinamita. Allí donde Hiroshima era, se alza la nube atómica. Desde la cola del avión, George Carón, fotógrafo militar, dispara su cámara. Este inmenso, hermoso, hongo blanco, se convierte en el logotipo de cincuenta y cinco empresas de Nueva York y del concurso de Miss Bomba Atómica, en Las Vegas. En 1970, un cuarto de siglo después, se publican por vez primera algunas fotos de las víctimas de las radiaciones, que eran secreto militar. En 1995, la Smithsonian Institution anuncia en Washington una gran exposición sobre las explosiones de Hiroshima y Nagasaki.


        -El otro hongo

       
Tres días después de Hiroshima, otro avión B-29 vuela sobre Japón.
El regalo que trae, más gordo, se llama Fat Man.
Los expertos quieren probar suerte con el plutonio, después del uranio
ensayado en Hiroshima. Un techo de nubes tapa a Kokura, la ciudad elegida.
Después de dar tres vueltas en vano, el avión cambia de rumbo. El mal tiempo
y el poco combustible deciden el exterminio de Nagasaki.

        -El papá de la bomba:

La primera bomba atómica fue ensayada en el desierto de Nuevo México.El cielo se incendió, y Robert Oppenheimer, que había dirigido los experimentos, sintió orgullo de su trabajo bien hecho. ¡Pero tres meses después de las explosiones en Hiroshima y en Nagasaki, Oppenheimer dijo al presidente Harry Truman:
—Siento que mis manos están manchadas de sangre.
Y el presidente Truman dijo a su secretario de Estado, Dean Acheson:
—Nunca más quiero ver a este hijo de puta en mi oficina.

        -La información objetiva

     En los países democráticos, el deber de objetividad guía los medios masivos de comunicación. La objetividad consiste en difundir los puntos de vista de cada una de las partes implicadas en situaciones de conflicto. En los años de la guerra de Vietnam, los medios masivos de comunicación de los Estados Unidos dieron a conocer a la opinión pública la posición de su gobierno y también la posición del enemigo. George Bayley, curioso de estos asuntos, midió el tiempo dedicado a una y otra parte en las cadenas televisivas ABC, CBS y NBC entre 1965 y 1970: el punto de vista de la nación invasora ocupó el noventa y siete por ciento del espacio y el punto de vista de la nación invadida ocupó el tres por ciento. Noventa y siete a tres. Para los invadidos, el deber de sufrir la guerra; para los invasores, el derecho de contarla. La información hace la realidad, y no al revés.

    -Guerras disfrazadas

       
A principios del siglo veinte, Colombia sufrió la guerra de los mil días. A mediados del siglo veinte, los días fueron tres mil. A principios del siglo veintiuno, ya los días son incontables. Pero esta guerra, mortal para Colombia, no es tan mortal para los dueños de Colombia: la guerra multiplica el miedo, y el miedo convierte la injusticia en fatalidad del destino; la guerra multiplica la pobreza, y la pobreza ofrece brazos que trabajan por poco o nada; la guerra expulsa a los campesinos de sus tierras, que por poco o nada se venden; la guerra otorga dinerales a los traficantes de armas y a los secuestradores de civiles, y otorga santuarios a los traficantes de drogas, para que la cocaína siga siendo un negocio donde los norteamericanos ponen la nariz y los colombianos los muertos; la guerra asesina a los militantes de los sindicatos, y los sindicatos organizan más entierros que huelgas y se dejan de molestar a las empresas Chiquita Brands, Coca-Cola, Nestlé, Del Monte o Drummond Limited; y la guerra asesina a los que denuncian las causas de la guerra, para que la guerra sea tan inexplicable como inevitable. Los expertos violentólogos dicen que Colombia es un país enamorado de la muerte. Está en los genes, dicen.

     -Guerras mentidas

      Lanzamientos publicitarios, operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos. En agosto de 1964, el presidente Lyndon Johnson denunció que los vietnamitas habían atacado dos buques de los Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Entonces, el presidente invadió Vietnam, lanzó aviones y tropas y su popularidad subió a las nubes y fue aclamado por los periodistas y por los políticos, y el gobierno demócrata y la oposición republicana fueron un partido único contra la agresión comunista. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, en su mayoría mujeres y niños, Robert McNamara, ministro de Defensa de Johnson, confesó que el ataque del golfo de Tonkin no había existido. Los muertos no resucitaron.
        En marzo del año 2003, el presidente George W. Bush denunció que Irak
estaba a punto de aniquilar el mundo con sus armas de destrucción masiva, las
armas más letales jamás inventadas. Entonces, el presidente invadió Irak, lanzó aviones y tropas y su popularidad subió a las nubes y fue aclamado por los periodistas y por los políticos, y el gobierno republicano y la oposición demócrata fueron un partido único contra la agresión terrorista. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de iraquíes, en su mayoría mujeres y niños, Bush confesó que las armas de destrucción masiva no habían existido. Las armas más letales jamás inventadas habían sido inventadas por él. En las elecciones siguientes, el pueblo lo recompensó reeligiéndolo. Allá en la infancia, mi mamá me había dicho que la mentira tiene patas cortas. Estaba mal informada.

      -Guerras mentirosas:

 
 La guerra de Irak nació de la necesidad de corregir el error que la Geografía cometió cuando puso el petróleo de Occidente bajo las arenas de Oriente, pero ninguna guerra tiene la honestidad de confesar.               Evidentemente para matar a un sátrapa   como Sadam, a la sazón gaseador de kurdos no hacía falta montar una guerra.... Con los Navy Seals se bastaban.


   Yo mato para robar:
     
      Numerosas hazañas bélicas ha cumplido y seguirá cumpliendo la mierda del Diablo, como las malas lenguas llaman al oro negro.
Una multitud perdió la vida en Sudán, entre fines del siglo veinte y principios del veintiuno, en una larga guerra petrolera que se disfrazó de conflicto étnico y religioso. Torres y taladros, tuberías y oleoductos brotaban,
por arte de magia, sobre las aldeas incendiadas y los cultivos aniquilados. Y en la región de Darfur, donde continuó la carnicería, los nativos, todos musulmanes, empezaron a odiarse cuando se supo que podía haber petróleo bajo sus pies. También dijo ser guerra étnica y religiosa la matanza en las colinas de Ruanda, aunque matadores y matados eran todos católicos. El odio, herencia colonial, venía de los tiempos en que Bélgica había decidido que eran tutsis los que tenían vacas y hutus los que trabajaban la tierra, y que la minoría Tutsi debía dominar a la mayoría Hutu.
        En estos años, otra multitud perdió la vida en la República Democrática del Congo, al servicio de las empresas extranjeras que disputaban el coltán. Este mineral raro es imprescindible para la fabricación de teléfonos celulares, computadoras, microchips y baterías que usan los medios de comunicación, que sin embargo se olvidaron de mencionarlo.

      Así las cosas aún nos extrañamos que en solo dos años los televisores pasaran de pesar 50 kilos a 5. Cuentan que los tiempos adelantan que es una barbaridad pero no tanto. El Coltan está manchado de sangre. Es una piedra insignificante formada por Columbita y Tantalio. La Columbita se desprecia y el metal precioso es un superconductor llamado Tantalio. Por eso, y
gracias al Tantalio en dos años la tecnología dio ese salto. Lo que nadie cuenta es que las minas de Coltan están todas en el Congo y que para extraerlo se han servido de niños de entre 5 y 9 años. Y es que son los únicos capaces de introducirse en las minas de Coltan, a la sazón cuevas para extraerlo. Los topos modernos que nos aportan nuestra modernidad natural. Os imagináis a vuestro hijo haciéndolo?. Yo no. Máximo accionista de las minas de Coltan del Congo, Dick Chenney. Secretario de Estado de la Adminstración Bush. Solo espero para mi vano sentido de la justicia infantil dar el salto al Grafeno cuanto antes como incluso mejor superconductor. En mi vana esperanza para nada justifico mi seria tendencia en escribir con este mi ordenador de pantalla plana. Soy un cómplice. También tendré las manos llenas de sangre tal que Oppenheimer????.

     -Guerras voraces:

       En 1975, el rey de Marruecos invadió la patria saharaui y expulsó a la mayoría de la población.
El Sahara es, ahora la última colonia del África.
   Marruecos le niega el derecho de elegir su destino, y así confiesa que ha robado un país y que no tiene la menor intención de devolverlo.
   
Los saharauis, los hijos de las nubes, los perseguidores de la lluvia, están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Las Naciones Unidas les han dado la razón, mil y una veces, pero la independencia es más esquiva que el agua en el desierto. Mil y una veces, también, las Naciones Unidas se han pronunciado contra la usurpación israelí de la patria palestina. En 1948, la fundación del estado de Israel implicó la expulsión de ochocientos mil palestinos. Los palestinos desalojados se llevaron las llaves de sus casas, como habían hecho, siglos antes, los judíos que España echó. Los judíos nunca pudieron volver a España. Los palestinos nunca pudieron volver a Palestina. Ninguno de ellos volverán ni a España ni a Palestina. Apátridas de natural por generaciones.
    Los Palestinos que se quedaron fueron condenados a vivir humillados en territorios que las continuas invasiones van encogiendo cada día.

       Y es que a la mona se le puede vestir de integrismo musulmán para justificarla pero todo el mundo ignora el sufrimiento del desarraigado. Vana ilusión de una realidad palmaria. Claro que yo no soy ni judío ni palestino.

         -Guerras matamundos:

   A mediados del siglo diecisiete, el obispo irlandés James Ussher reveló que el mundo nació en el año 4004 antes de Cristo, entre el crepúsculo del sábado 22 de octubre y la noche del día siguiente (debía ser bastante listo y mentiroso). Sobre la muerte del mundo, en cambio, no disponemos de información tan exacta. Se teme, eso sí, que la defunción no demorará, dado el febril ritmo de trabajo de sus asesinos. Los avances tecnológicos de este siglo veintiuno equivaldrán a veinte mil años de progreso en la historia humana, pero no se sabe en qué planeta serán celebrados. Ya lo había profetizado Shakespeare: La desgracia de estos tiempos es que los locos conducen a los ciegos.
    Nos invitan a morir las máquinas creadas para ayudarnos a vivir. Las grandes ciudades prohíben respirar y caminar. Los bombardeos químicos disuelven los polos y las nieves de las cumbres de las montañas. Una agencia de viajes de California vende excursiones a Groenlandia, para decir adiós a los hielos. La mar engulle las costas y las redes de los pescadores recogen medusas y bolsas en vez de bacalaos. Los bosques naturales, verdes fiestas de la diversidad, se convierten en bosques industriales o en desiertos donde ni las piedras germinan. En veinte países, a principios de este siglo, la sequía ha arrojado cien millones de campesinos a la buena de Dios. «La naturaleza está ya muy cansada», escribió el fraile español Luis Alfonso de Carvallo. Fue en 1695.
       Si nos viera ahora. Donde no hay sequías, hay diluvios. Año tras año se multiplican las
inundaciones, los huracanes, los ciclones y los terremotos de nunca acabar. Los llaman desastres naturales, como si la naturaleza fuera su autora y no su víctima. Desastres matamundos, desastres matapobres: en Guatemala dicen que los tales desastres naturales se parecen a las viejas películas de cowboys, porque sólo mueren los indios.
¿Por qué tiemblan las estrellas? Quizá presienten que pronto invadiremos otros astros del cielo?.

        -Breve historia de la revolución tecnológica:

       
Creced y multiplicaos, dijimos, y las máquinas crecieron y se multiplicaron. Nos habían prometido que trabajarían para nosotros. Ahora nosotros trabajamos para ellas. Multiplican el hambre las máquinas que inventamos para multiplicar la comida.
Nos matan las armas que inventamos para defendernos. Nos paralizan los autos que inventamos para movernos. Nos desencuentran las ciudades que inventamos para encontrarnos. Los grandes medios, que inventamos para comunicarnos, no nos escuchan ni nos ven. Somos máquinas de nuestras máquinas. Ellas alegan inocencia.
Y tienen razón.

         

     
 La pesadilla despertó a los vecinos en medio de la noche: el aire ardía.
En el año 1984, estalló una fábrica de la Union Carbide Corporation en la ciudad de Bhopal, en la India.
No funcionó ninguno de los sistemas de seguridad. O mejor dicho, en términos económicos: la rentabilidad sacrificó la seguridad al imponer drásticas reducciones de costos.
A muchos miles mató este crimen llamado accidente, y a muchos más dejó enfermos para siempre.
En el sur del mundo, la vida humana se cotiza a precio de oferta. Después de mucho tira y afloje, la Union Carbide pagó tres mil dólares por muerto, y mil por cada enfermo incurable. Y sus prestigiosos abogados rechazaron las demandas de los sobrevivientes, porque eran analfabetos incapaces de entender
lo que sus pulgares firmaban. La empresa no limpió el agua ni el aire de Bhopal, que siguieron estando intoxicados, ni limpió la tierra, que siguió estando envenenada de mercurio y plomo.
En cambio, la Union Carbide limpió su imagen, pagando millonadas a los más cotizados expertos en maquillaje.
Unos años después, otro gigante químico, Dow Chemical, compró la
empresa. La empresa, no su prontuario: Dow Chemical se lavó las manos, negó cualquier responsabilidad en el asunto y puso pleito a las mujeres que protestaban ante sus puertas, por alteración del orden público.

         -Medios animales de comunicación:     

         
Una noche de la primavera de 1986, reventó la central nuclear de Chernóbil. El gobierno soviético dictó orden de silencio. Muchas personas, inmensa multitud, murieron o sobrevivieron convertidas en bombas ambulantes, pero la televisión, la radio y los diarios no se enteraron. Y al cabo de tres días, no violaron el secreto para advertir que ese estallido de radiactividad era una nueva Hiroshima, sino que aseguraron que se trataba de un accidente menor, cosa de nada, todo bajo control, que nadie se alarme. Los campesinos y los pescadores de tierras y aguas cercanas y lejanas sí supieron que algo muy pero muy grave había ocurrido. Quienes les trasmitieron la mala noticia fueron las abejas, las avispas y las aves que alzaron vuelo y se perdieron de vista en el horizonte, y las lombrices que se hundieron un metro bajo tierra y dejaron a los pescadores sin carnada y a las gallinas sin comida. Un par de décadas después, estalló el tsunami en el sudeste del Asia y las olas gigantes engulleron a otro gentío. Cuando la tragedia estaba incubándose, y la tierra recién empezaba a crujir en las profundidades de la mar, los elefantes hicieron sonar sus trompas, en desesperados lamentos que nadie entendió, y rompieron las cadenas que los ataban y se lanzaron, en estampida, selva adentro. También los flamencos, los leopardos, los tigres, los jabalíes, los ciervos, los búfalos, los monos y las serpientes huyeron antes del desastre. Solo sucumbieron los humanos y las tortugas. Sobre Fukushima el tiempo dará y quitará las mismas consecuencias......

        -Breve historia de la civilización:

         Y nos cansamos de andar vagando por los bosques y las orillas de los ríos. Y nos fuimos quedando. Inventamos las aldeas y la vida en comunidad, convertimos el hueso en aguja y la púa en arpón, las herramientas nos prolongaron la mano y el mango multiplicó la fuerza del hacha, de la azada y del cuchillo. Cultivamos el arroz, la cebada, el trigo y el maíz, y encerramos en corrales las ovejas y las cabras, y aprendimos a guardar granos en los almacenes, para no morir de hambre en los malos tiempos.
     
 Y en los campos labrados fuimos devotos de las diosas de la fecundidad, mujeres de vastas caderas y tetas generosas, pero con el paso del tiempo ellas fueron desplazadas por los dioses machos de la guerra. Y cantamos himnos de alabanza a la gloria de los reyes, los jefes guerreros y los altos sacerdotes. Y descubrimos las palabras tuyo y mío y la tierra tuvo dueño y la mujer fue propiedad del hombre y el padre propietario de los hijos. Muy atrás habían quedado los tiempos en que andábamos a la deriva, sin casa ni destino. Los resultados de la civilización eran sorprendentes: nuestra vida era más segura pero menos libre, y trabajábamos más horas. Ser boca o ser bocado, cazador o cazado. Ésa era la cuestión. Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperie enemiga, nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daban terror. Éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cachorros inútiles, adultos poca cosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo. Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece, estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos. Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capaces de sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?

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