jueves, 22 de mayo de 2014

Toulouse Lautrec. Un pequeño gran hombre.




       Se llamaba Henri Marie Raymond de Toulouse Lautrec. Hijo del Conde de Toulouse y de la vizcondesa de Lautrec. 1 metro 52 centímetros de talento, de conocimiento, de persona. Todo un artista y corría el año 1864 y más en concreto un 24 de Noviembre cuando venía al mundo esta ejemplar persona en el castillo de Albi. Vamos pues con su historia, os aseguro no es vulgar.

       Castillo de Albi, zona albigense de Francia tan ligada a los cátaros y tan rica en fortalezas y el conde de Toulouse aquel que su linaje provenía ya de la Edad Media.
        No, su familia no era de esas nuevas ricas tocadas por el oportunismo napoleónico. Era una familia de rancio abolengo, de los Toulouse y Lautrec de toda la vida y él un producto de la endogamia. Sus padres formaban esa típica pareja la cual no pegaba ni con cola. Y Henri se vería muy afectado por ello en su morfología física. Así las cosas el padre era un tipo extravagante, se sabía tal porque podía permitírselo. Se disfrazaba, se vestía de cosas raras, bebedor y fumador, se travestía en las fiestas en su castillo y su mujer contemplaba no sin horror los disparates de su marido. Ella que era una impenitente, furibunda, y piadosa católica solo tenía ojos para la ortodoxia y para cuidar a un infante, a su hijo Henri Marie.

       Henri Marie fue un niño que siempre creció más por dentro que por fuera, se adivinaba ya desde su tierna infancia un artista en ese cuerpo contrahecho y deforme. Tenía la enfermad de los huesos quebradizos, por si no fuera poco también era muy pequeño, apenas sobrepasaba el metro y medio de estatura y para colmo de males padecía una sinusitis crónica la cual no hacía sino que su naríz pareciese un contínuo rezumar de moquita a todas horas. Él, más tarde con su proverbial humor se autodefiniría como "una pequeña tetera con un gran pitorro". Ya de muy pequeño se partiría un fémur y posteriromente en su recuperación se partiría el otro. Contínuos ensayos médicos pasarían por ese castillo. Le aplicarían descargas eléctricas, lo colgarían de cables con pesas en los pies dando magros resultados. Toulouse Lautrec fue un inválido toda su vida, viviría como un inválido y acabaría muriendo como lo que fue, un inválido que nunca se quejó, antes bien y a pesar de sus continuos dolores se mofaría siempre de su aspecto. El "ande yo caliente, ríase la gente" lo llevaba muy a gala Henri Marie.

      Pequeño, de torso muy fuerte, caminando mal y paticorto su primera obra sería "Artilleros a caballo". Señalar que esa obra no representa sino un sentimiento de frustración hacia la figura de su padre. Porque el padre de Henri no podía ver a su hijo debido a su deformidad. El padre era todo lo contrario, un tipo atlético, deportista y cazador. Y dicen los psiquiatras que esa obra no en poco plasmaba su relación con su progenitor pintando continuamente obras de caballos. Esos caballos que se escapaban eran su padre y él un niño que se los quedaba pintando debido a su malformación física. Poco más podía hacer. También hízo algún autorretrato. Evidentemente, en sus autorretratos siempre estaba representado sentado en una mesa, sin que se le vieran las piernas.

    Así las cosas, su madre que tanto había velado por su salud y tanto se había preocupado de Henri lo envía a París a estudiar Bellas Artes. La comunidad pictórica no hizo sino rechazarlo. Quassimodo lo llamaban. Decían que pintaba horrorosamente mal. Que era una auténtico desastre y Henri funda su propio estudio a la par que empieza a frecuentar los tugurios parisinos de la época. Es la época de Degas, de Van Gogh, de Toulouse Lautrec, de Montmartre....... No por nada era vecino de Degas en esa calle llamada "Rue de la Fontaine". Todos se sabían artistas, y ninguno genio. El tiempo les daría la razón, vaya si les daría esa razón. Se convertirían al fin y a la postre en los mejores pintores que daría la Europa de la época.

    Como he dicho antes, Henri entabla contacto con la bohemia parisina y sus tugurios. Eran decadentes y se reconocían como tales. Su estilo de vida era completamente alejado de los academicismos de la época y pintaban sencillamente como les salía de las narices. Así de claro, y por ello fueron unos genios. Es la época en la que Toulouse empieza ya a beber, la época del sexo, de las fiestas, de la mala vida. La época del Moulin Rouge, del Moulin de la Galette, de Le Chat Noir, del Follies Bergé, de la decadencia de una época. Y Toulouse Lautrec su adalid y maestro de ceremonias. Eran noches largas, muy largas. El champán, el cognac, y la absenta hacían de Henri un hombre alegre, contento y pintaba hasta bien entrada la noche en el Moulin Rouge y en otros tantos tugurios para acabar las más de las veces inconsciente. Allí pintó a Jane Avril, su amiga. A Valentín el descoyuntado, un señor con una doble vida que hacía de funcionario por el día y de bailarín de can-can por la noche.

        Señalar, que Henri estaba pletórico. Se había convertido en un artista muy reconocido, la gente arrancaba sus carteles por las noches y su licenciosa vida le empezaría a pasar factura. Su padre, vendió el Castillo de Albi con todos sus recuerdos infantiles a su tía, con la sola vocación de desheredarlo. Y su madre se traslada a París para estar cerca de su hijo. La vida de Henri era la siguiente: Se despertaba tarde, acudía al taller de litografías, trabajaba un poco. Acto seguido quedaba con sus amigos a comer, con lo cual bebían, luego se retiraba a su apartamento a dormir la mona, evidentemente se despertaba con resaca, se ponía a trabajar, acudía a casa de su madre a cenar y más tarde volvía al cotarro, a la tramoya de París hasta las tantas de la mañana. No era mala vida, por cierto...... El sinvergüenza de su padre en sus primeras obras logró convencerle para que firmara con seudónimo y así no manchar la reputación del apellido. La firma era "Tooloose". Juego de palabras que en inglés quiere decir: Demasiado perdido.

        Pero esa vida le pasaría factura. Una factura cara, carísima. Como bien he dicho antes, todo le venía bien a Henri. El champán, el cognac, la cerveza y..... grandes cantidades de absenta. Se la bebía como el agua y encima mezclaba todo. Una bebida a base de anisette, ajenjo y licor con nada más y nada menos que 68 grados. Bebía hasta quedar inconsciente. Había veces que se lo encontraban todo "largo" por las calles de Montmartre y en una ocasión ante tamaño escándalo la policía tuvo que intervenir porque al parecer en su habitación estaba matando arañas con una escopeta. Lo habréis adivinado, verdad?. Eran los delirium tremens de un alcohólico redomado. No contento con su ya alcoholismo Henri portaba un curioso bastón modificado para así poder introducir ni más ni menos que medio litro de absenta y beber a escondidas o a cualquier hora. Un desastre. Para colmo de males, Henri padecía sífilis dada su vida de licencia sin límites y tomaba el único remedio recomendado de la época: Mercurio. Un disparate. Si os fijáis, Henri siempre aparece en las fotografías con la boca cerrada y es que la ingesta de mercurio a la par que medicamente produce locura ennegrece los dientes.


     


      Con estos mimbres su madre lo introdujo en un sanatorio, en un psiquiátrico. La familia estaba desolada y el muy ladino del padre el cual jamás había dirigido una palabra cariñosa a su hijo, se sentía avergonzado y muy dolido en su honor, les pasa a muchos padres. Pero al cabo de unos meses mejoró bastante y desarrolló una serie de cuadros sobre el mundo del circo, él que era todo un showman de la noche y de los bajos fondos, uno más del pueblo logró salir de ese sanatorio. Pero volvió a recaer en su adicción y definitivamente su madre se lo llevó a casa a cuidarlo.



          Henri Marie de Toulouse Lautrec fenecía así en su cama un 9 de Septiembre de 1901 a las 2:15 horas. Postrado y al borde de la muerte, su padre entró en la habitación y le dijo:

         "Sabía no te perderías la matanza, viejo loco!"

          Y sus últimas palabras, como no, fueron dedicadas a su madre la cual atinó a decirle:

          "Mamá, tú, nadie más que tú".

         El padre, obstinado hasta la muerte con su hijo se empeñó en enterrarlo en el castillo, pero su madre y al cabo de un tiempo lo desenterró y lo volvió a enterrar en un convento como así se había deseado en un principio. Al fin y al cabo su padre nunca pintó nada al lado de su hijo ni en el lienzo ni en la vida.

 




       Por cierto, en 1895 viajó a Londres para conocer a Oscar Wilde. El hombre que con el cual moría el siglo XIX, un decadente al igual que Henri, porque...... el fin del XIX fue patrimonio de los decadentes, de Wilde, Henri, Degas, Van Gogh, Gauguin.... De aquellos que eran distintos porque lo mejor era lo distinto y nadie lo sabía.

 





       Señalar que la depositaria de las obras de Lautrec fue la madre. Ella y solo ella hizo de él lo que es ahora. Un artista reconocido mundialmente, un genio de la pintura. Ella apadrinó sus obras y ella montó un museo junto con un avispado tratante que se dio perfecta cuenta del talento de Henri. El museo se abrió en el Palacio de la Berbie y allí se expusieron sus obras. Hoy en día están repartidas por todo el mundo y en París. Porque París es Toulouse Lautrec y Toulouse Lautrec fue París dentro del corazón de un pequeño gran hombre, el cual nunca se planteó el fin de su vida bajo el auspicio de ningún tipo de creencia ni fe. Él vivió la vida como si cada día fuese el último de su existencia sin plantearse ningún futuro, a vuelapluma y.... Por que no?. Siempre fue su vida, y su vida París y la pintura, para eso no hacía falta más. Un hombre vulgar, del pueblo, como la inmensa mayoría de nosotros, simple, con sus complejos, anhelos y vicios, sin quejarse. Nunca se quejó, nunca fue una carga mas que para su pobre madre que fue la que le dio la vida, tanto física como artística y......... lo más importante: Nunca hizo daño a nadie en su vida, antes bien, solo hizo favores con sus cuadros sin meterse con los demás.



 



 
       Aquí os pongo a otro decadente a Oscar Wilde. El sumo pontífice de la decadencia victoriana:

http://laverdadteharalibre6.blogspot.com.es/2014/05/el-sumo-pontifice-de-la-decadencia-con.html


          Dedicado especialmente a Ceballos y sus dibujos del foro de César Vidal. Para que le sirva de acicate en su gran afición: Dibujar. Va por tí, Luis Miguel.