martes, 10 de junio de 2014

Adolf Galland y Douglas Bader. Dos ases del aire.



      Hoy nos vamos a centrar en un piloto de combate, bueno en uno no. En dos. Uno alemán el otro inglés ambos fueron contrincantes, ambos al fin y a la postre, amigos durante y en el final de la contienda. Uno será Adolf Galland, el otro Douglas Bader. Dos héroes del aire.


      Adolf Galland, General de la Luftwaffe estaba considerado como el mejor piloto de combate de Alemania. 104 derribos avalan su habilidad en el manejo de esos Misserchsmitt que tantos triunfos dieron a la Luftwaffe. Fue el general más joven de la Segunda Guerra Mundial llegó a ello a los 30 años. Derribado en 4 ocasiones y salvando la vida milagrosamente fue condecorado con la máxima distinción del Tercer Reich. Aquella distinción que solo fue otorgada en 27 ocasiones: La Cruz de Hierro con Hojas de roble espadas y diamantes. Enemigo del Mariscal del aire Hermann Goering entre ambos tuvieron no pocos encontronazos en lo militar. Así las cosas es lo que las más de las veces ponen en desacuerdo a los héroes frente a los tiranos. Galland fue un héroe y Goering un payaso.

         El logotipo de Galland y que siempre llevaba en el fuselaje del avión era un Mickey Mouse fumando un puro hacha en mano diestra y pistola en mano en siniestra. Galland era el romántico del aire por excelencia. Fumador, gran fumador de puros Galland no dudaba en perforar la máscara que llevaba en la cara para poder aspirar el humo del tabaco mientras volaba. En una ocasión tuvo que asistir a una fiesta de la Lufwaffe y le encargaron tomar su caza para ir por ostras y champán. El Misserchsmitt era un modelo nuevo el cual quiso probar. Se adentró en el espacio aéreo inglés, desplegó el tren de aterrizaje y de esta guisa derribó 4 Spitfire que le salieron al paso. Los cazas ingleses se quedaron con la boca abierta y es que plantear combate en un caza con el tren de aterrizaje desplegado no es sino una locura en toda regla. No obstante, salió airoso del trance y regresó a Alemania con las ostras y el champán.

      Como bien os he dicho, Galland se llevaba muy mal con Hermann Goering, jefe de la Lufwaffe y en una ocasión y ante la que se le venía encima al nazi con los Spitfire de Churchill Goering preguntó:
  
    Goering:-Dadme una sugerencia a la hora de derribar más Spitfires estamos perdiendo la guerra y no hay forma de hacerlo.

    Galland:-Mariscal, lo que usted debería de hacer es integrar unos cuantos Spitfires en la Luftwaffe y de seguro ganaríamos la guerra aérea.

         Ante tamaña contestación Goering abandonó la sala dando un portazo ante las risas de los concurrentes. Y es que Goering era un auténtico idiota a la par que un incapaz.

       En otra ocasión el payaso de Goering insinuó que ya valía de perdonar a los pilotos de la Royal Air Force en el momento que saltaban en paracaídas. Sencillamente salvaban la vida y luego volvían a montar en un caza nuevo. Galland combatió ferreamente esta idea. Al fin y al cabo la guerra aérea no era sino una capacidad de fabricar aviones y de maniobrarlos correctamente. No estaba por la labor de que sus escuadrones ametrallaran en el aire a los malogrados pilotos ingleses, bastante hacían con arriesgar sus vidas dentro de sus carlingas.

      Por si no fuera poco y ya fue la ocasión que colmó el vaso, Goering acusó a los pilotos de la Luftwaffe de poco valientes, incapaces de ganar una batalla y de cobardes. Galland se quitó la Cruz de Hierro con Espadas y Diamantes y se la arrojó a la cara al Mariscal del Aire ante el estupor de este. Señalar que a partir de este hecho fue obligado a dimitir de su puesto de General de la Lufwaffe.



       Pero por si no fuera poco es aquí donde empieza un idilio entre dos ases del aire Douglas Bader de la Royal Air Force y Adolf Galland de la Luftwaffe. Insisto, esta amistad estuvo siempre avalada por su afición a la aviación. Nunca se consideraron para nada rivales y..... si alguien le haría un favor al inglés este fue el alemán y viceversa.

       Douglas Bader era un piloto de la RAF el cual en unos entrenamientos había perdido las piernas. Llevaba unas de metal a la hora de subirse a su Spitfire. Con treinta derribos en tan solo 15 meses fue abatido en terreno enemigo encontrandoselo la Werhcmacht de una extraña guisa. No solo había perdido sus piernas ortopédicas sino que estaba rodeado de pelotas de ping-pong. Loa alemanes se quedaron completamente sorprendidos de ver a un piloto el cual había abandonado su avión en un paracaídas con cientos de pelotas de ping-pong alrededor y es que Bader tenía auténtico pánico a morir ahogado en el Canal de la Mancha. Solo de esta forma sería capaz de flotar en el agua. Las llevaba dentro de las piernas en sus prótesis. Temía que si caía al agua sus pesadas piernas lo arrastrasen al fondo.

       De esta traza Douglas fue internado en un campo de concentración que no de exterminio. Las horas se le hacían interminables. Sin poder andar y dependiendo de sus compañeros y de los custodios del campo estaba ya harto. Galland se enteró de la situación y puso cartas en el asunto. Le preguntó al inglés de donde podía sacar otras piernas y éste le dijo que en Inglaterra tenía unas de repuesto.

       Dicho y hecho. Adolf Galland paró la guerra e hizo un pasillo aéreo entre Inglaterra y Alemania. Un Spitfire se adentró en el espacio aéreo alemán, se bajó un piloto inglés y entregó las piernas al Alto Estado alemán. Acto seguido el inglés se montó en su avión y tan tranquilo se largó a Inglaterra. No tardaron pues en llegar las piernas a Douglas el cual inmediatamente se las calzó y dejó de ser un inválido en mitad de un campo de concentración sin tener nada que hacer sino mirar las musarañas.

         Pero la guerra iba poco a poco cambiando de signo. A Galland lo derribaron y corrió la misma suerte de Bader. Decir que los pilotos alemanes estaban ya hartos de Hermann Goering, un incompetente supino y morfinómano a maravilla. Señalar que en poco se le lució a Goering su experiencia como héroe y as de la aviación en la Primera Guerra Mundial, que lo fue, al igual que Roland Garros, Manfred Von Richtoffen (Barón Rojo) o García Morato aquí en España. Pero Goering fue otro abducido más de Hitler, una víctima más del cuento del Reich e hizo el ridículo las más de las veces delante de un valiente, Adolf Galland.

      Pero retomando el hilo de la historia y como bien he dicho antes, a Galland también lo derribaron y fue a parar a otro campo de concentración. Este de signo inglés. Y...... Que podía hacer Douglas Bader? Pues..... mandarle una caja de los mejores puros, lo que más le gustaba al alemán. Y así fue.

      Así las cosas llegamos al final de la contienda. Galland largó a Argentina como instructor de vuelo y Bader se dedicó a pilotar aviones comerciales para la marca Shell Oil. Nombrado Caballero por la reina Isabel II no dudó en contactar con Galland el cual hablaba perfectamente el castellano, el alemán y el inglés. Fueron amigos toda la vida y en no pocas veces se iban de cacería, cenas y comidas, eso sí... cuando no tenían que firmar autógrafos, libros y cosas similares las cuales muchas veces lo hacían juntos. Y es que contemplar durante una tarde como hablaban estos dos valientes y héroes de la Segunda Guerra Mundial, de sus aventuras y desventuras a bordo de sus respectivos cazas debía ser todo un lujo para los oidos.

      En cuanto a Galland y ya jubilado pasó grandes temporadas en Alicante. Era un enamorado de España y se compró allí un chalecito y fallecería en 1996 en Alemania, muy mayor a los 84 años de edad. Douglas Bader lo haría más joven, con 72 años en Londres.

        La historia de ambos pilotos no es sino un canto a la amistad por encima de todo. Cuentan como Galland cada vez que derribaba un avión inglés no dudaba en hacer un rizo en el aire saludando militarmente al incauto de turno desde la carlinga el cual las más de las veces tenía que caer en paracaídas en un destino más que incierto o.... estrellarse perdiendo la vida. No fue el caso ni de Galland ni de Bader. Pero la guerra es así.

       Otro día hablaremos del Barón Rojo, otro héroe en toda regla. Pero de la Primera Guerra Mundial. Los aviadores de la Primera Guerra Mundial si que fueron unos auténticos héroes. Decir que pocos se libraban de morir. Y es que no había ni paracaídas entonces y la deficiencia de sus aeronaves les hacía presa fácil. Imaginaos......... eran soldados de caballería reciclados a aviadores. Pasar de un caballo a un avión.... Ridículo.