miércoles, 18 de junio de 2014

Miguel Hernández. Un intelectual al servicio de la República.



       Hoy vamos a relatar la historia de un cabrero, de un pastorcillo de Orihuela. Un hombre del pueblo, autodidacta, se convirtió por mor de los acontecimientos en el epígono de aquella generación del 27 en lo literario. Aquella Generación inspirada en Góngora poblada de escritores ilustres tales que Rafael Alberti, Jorge Guillén o Pedro Salinas los cuales corrieron mejor suerte que el personaje que nos ocupa. Una historia triste, muy triste la de Miguel Hernández pero no exenta de su mérito. Porque si algo tuvo Hernández fue mérito y si de algo se le privó a Hernández fue de la cultura por su condición de Cabrero. De la cultura, y de la vida como veremos más adelante. Porque lo pagó con la vida, vaya si lo pagó con la vida. Un intelectual al servicio de la República. Ese fue su mal y por ello le salió tan caro.

 

      Corría el año 1910 cuando en Orihuela nació un niño en una familia humilde dedicada a la ganadería caprina. Su padre aspiraba a ascender socialmente albergando la esperanza de que algún día lo eligieran alcalde de barrio. Fue su padre, ese el cual le negó una cultura académica a Miguel rechazando una beca otorgada por los Jesuítas. Y un canónigo, se fijó en ese cabrerillo el cual las más de las veces se sentaba con sus cabras en el monte a leer a Virgilio. Miguel Hernández fue ese tipo de niño al cual no se le niega todo pero casi todo. Por no tener no tuvo nunca ni un regalo de Reyes. Ese canónigo fue Luis Almarcha y le prestaba de contínuo libros a ese ensimismado Miguel. Así las cosas en no pocas ocasiones Miguel Hernández era reprendido por su progenitor. No estaba a lo que tenía que estar. Las ovejas se le escapaban, no las atendía bien y por si no fuera poco a veces traspasaban las lindes y acababan pastoreando en terrenos no indicados para ello, con la consiguiente multa para su padre. Miguel, como cabrero era un auténtico desastre, pero poco a poco y gracias a esa ayuda secular iba haciéndose un hueco entre la gente culta de la región. Hasta los14 años estudió el pobre Miguel. Aprender a leer, escribir, las 4 reglas y poco más. Cuentan que el día que lo sacó su padre del colegio para no regresar jamás Miguel lloraba como un desesperado. Ya había estudiado lo suficiente para que no le engañaran a la hora de comerciar con las cabras. Luego.... al monte y vale. Esa fue la decisión de su padre. Para que quería estudiar mas si era cabrero?.

        Con el paso del tiempo, Miguel se rodearía de la intelectualidad de Orihuela. Y... allí estaba su amigo Ramón Sijé para apoyarlo. Fijaos en lo que os digo. Sijé fue básico en la intelectualidad de Miguel. Sin Ramón Sijé para nada se entendería la figura de Miguel Hernández. Conoció a Ramón en sus ires y venires a la biblioteca pública y a los hijos del panadero, a Carlos y Efrén Fenoll. Los cuales formarían el llamado "Grupo de la Tahona". Señalar que Sijé era un consumado intelectual. Estudiante de Derecho e hijo de un tratante de tejidos sacaba todas las asignaturas con matrícula de honor. Era un portento de estudiante y como tal todos se fijaban en él. Ultracatólico hasta la médula forma con muy mucho la base cultural de Miguel. Así las cosas se prometieron amistad eterna y también otra promesa: El último que muriera enterraría al otro.

       Año 32. Miguel se debate entre su amor por Orihuela y su vocación literaria. Por lo que decide irse a Madrid a probar suerte. Allí con una carta de presentación para el Ministro de Justicia se presenta. Imaginaos la escena. Un cabrero culto, vestido con alpargatas y pantalones de pana, parecía un pueblerino. En su rostro ya con tan solo 22 años se adivinaba su humilde extracción. Moreno, piel curtida, alguna arruga prematura.....  Posteriormente su amigo Pablo Neruda diría de él: "Ese rostro como patata sacado de la tierra....".

       Allí vivió o se aventuró a vivir 6 meses como un vulgar indigente en busca de una oportunidad pero regresa otra vez a Orihuela contrariado el 15 de Mayo de 1932. Eso sí, si algo tenía claro sería que para nada volvería a trabajar de cabrero y lo hace de dependiente en el negocio de tejidos de Ramón Sijé, a la par que de mensajero del notario.

        Con estos mimbres alterna el trabajo con su vocación literaria y entra en contacto con Lorca. Es la época en la que escribe "Poliedros" o... "Perito el Lunas". Una serie de versos escritos en Octavas Reales los cuales no tuvieron la acogida que él esperaba. Era su obra inicial y escribe a Lorca criticando el inmovilismo literario de la época. Lorca contrariado le aconseja que se lo tome con calma.

      Así las cosas se ve imbuido y espoleado por Sijé y regresa a Madrid en Septiembre de 1934 con un Auto Sacramental bajo el brazo: "Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras". Y esta vez parece que la fortuna empieza a sonreir un poco a Miguel. Conoce a Pablo Neruda en la revista "Cruz y Raya" y un intelectual de la época llamado José María del Cossio le propone colaborar con él pagándole de su propio bolsillo en una enciclopedia taurina como biógrafo de toreros. Cossio siempre echaría una mano a Miguel Hernández, fueron muy amigos, junto con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.

      Es el tiempo de sus idas y venidas de Madrid a Orihuela y con Sijé funda una revista "El Gallo crisis" de profunda raigambre católica. Se enamora de Josefina Manresa, hija de un Guardia Civil de Orihuela, pero estos ires y venires calarían muy mucho en la intelectualidad religiosa de Hernández. Apuntalado por la intelectualidad de Aleixandre y Neruda empieza a distanciarse de Sijé. Los tiempos estaban cambiando y era la época de la II República y todo lo que huele a cirio está mal visto, denostado, anticuado y Sijé empieza a no sentirse a gusto con Miguel, no por nada era Ramón profundamente católico. Era el año 1935 y Miguel Hernández se vuelve profundamente anticatólico y Sijé se lo echa en cara.

      Nos situamos en el día de Nochebuena de 1935 y una catástrofe en la vida de Miguel Hernández se está gestando sin que él ni sepa ni pueda hacer nada. Recibe días más tarde un telegrama desde Orihuela. Su amigo, su gran amigo Ramón Sijé había muerto en ese fatídico día 24 de Diciembre de una infección intestinal que derivaría en una septicemia cardíaca. Vaya muerte verdad?. Miguel, consternado regresa a Orihuela. Ya no tenía tiempo pues de reconciliarse espiritualmente con su amigo Ramón y regresa una y otra vez a su mente aquella frase de "El útimo que muera enterrará al otro". En un arrebato de impotencia y de locura transitoria Miguel Hernández presa del dolor fue al cementerio a desenterrar a su amigo para volverlo a enterrar como así se habían prometido, pero alguien logró evitar tal dislate. Una vez ya más sereno y calmado, Miguel Hernández le dedicaría una Elegía a Ramón Sijé.

      Tiempos convulsos. España va al socaire de los acontecimientos y estalla una guerra fraticida entre hermanos. La Guerra Civil Española. Unos exaltados dan muerte al padre de su novia, Manuel Manresa, a la sazón como he dicho antes Guardia Civil de profesión y a Josefina Manresa le dicen: "A tu padre han matado aquellos que defiende tu novio". Así las cosas, Miguel decide tomar partido en la Guerra Civil y se adscribe al lado republicano. Será un intelectual al servicio de la República. Ingresa pues en el V Regimiento de Milicias Populares como Comisario Cultural y cava trincheras en el Batallón del Campesino. Así las cosas Lorca corre peor suerte y es asesinado. Según dicen Queipo fue el que ordenó el asesinato si bien al General Franco le supo a cuerno quemado ya que vio en no poco un problema ya a nivel internacional para su régimen. Hernández era un cabrero pero Lorca un reconocido literato y un chico bien. Todo se desmorona, España se desangra. Pero Miguel tiene su primer hijo, Manuel Ramón. El cual fallece a los 9 meses víctima de una infección estomacal. Era el año 38, pero Josefina embarazada ya de su segundo hijo lo tiene y logra sobrevivir al alumbramiento con muy buena salud. Se llamará Manuel Miguel.

       Pero poco a poco, el mundo que rodea a Miguel Hernández se va deshaciendo. Lenta e inexorablemente el tiempo lo pondría en su calamitoso lugar. Por si no fuera poco la guerra se está perdiendo y a Miguel le ofrecen la posibilidad de emigrar a Chile por mediación de Neruda. Pero no puede ser y su destino sería esta vez el Portugal de Oliveira Salazar. Así las cosas, nuestro infeliz cruza la frontera con único dinero el obtenido del empeño de un reloj que le había regalado Aleixandre, pero pronto lo apresan, es entregado a las autoridades españolas y llevado a la cárcel. Allí recibió una triste carta de Josefina Manresa, en la que pone de manifiesto su pesar y su precaria situación. A su hijo solo lo puede alimentar con pan y cebolla. Están pasando hambre, mucha hambre y Miguel compone una nana a su hijo. Una nana que pasará a la posteridad. "La nana de la cebolla". Qué otra cosa más podía hacer?. Así las cosas la Guerra Civil estuvo llena de errores los más de ellos burocráticos (cuántos debieron ir al paredón por un lamentable cruce de papeles) y debido a un error de este tipo ponen en libertad a Miguel Hernández. El cual incauto de él y pensando que nadie en su pueblo lo denunciaría volvería con los suyos a Orihuela para ser otra vez detenido y destinado a un penal en Madrid. Pero esta vez condenado a muerte.

          Pero ahí estaban sus amigos para ayudarlo. Y he de hacer hincapié en el que fuera un intelectual pero al servicio de la Falange. Rafael Sánchez Mazas, padre de Rafael Sánchez Ferlosio. Fundador de Falange junto con José Antonio y que a la sazón alcanzaría el ministerio sin cartera en el Régimen de Franco. (nunca acudía a los consejos de ministros hasta que Franco le quitó la silla y le dijo: "póngase ahí de pie, total.... para las veces que viene no le importatrá). Mazas, mecenas de la cultura tanto de uno y otro bando intercedió por la conmutación de la pena de muerte a Miguel Hernández. Entre él y Cossio y por mediación del General Varela lograron que a Miguel se le indultara a la pena inferior, la de 30 años. Así las cosas Miguel salvando su vida de una muerte cierta contrae una neumonía en Palencia y desarrolla la tuberculosis en el penal de Ocaña. Una tuberculosis que indefectiblemente lo llevaría a la tumba.

         Señalar que en distintas indagaciones que se han hecho, la tuberculosis era una enfermedad incierta, tratable y es muy posible que Miguel en condiciones humanas y bien atendido se hubiese salvado de la muerte pero en un penal de los de entonces era poco menos que imposible. Así las cosas por consejo de su otrora amigo el cura Luis Almarcha y que tantas veces había ayudado a Miguel en su condición intelectual había alcanzado el grado de Obispo y le aconsejó a Miguel se desposase con Josefina, más que nada para evitar represiones futuras, ya que si moría Miguel iban a denostar a su viuda e hijo y así se hizo. También le aconsejó que se retractase de su obra pero Miguel no consintió en ello y murió en la cárcel un 28 de Marzo de 1942. Tenía 32 años.

        Los restos de Miguel Hernández serían trasladados al cementerio de Alicante, a la tumba 1009 para más tarde ser enterrados en la zona de alicantinos ilustres a la muerte de su hijo en el año 1984. Murió más pobre que las ratas y Camilo José Cela junto con otros autores de la época logaron reunir 3000 pesetas para que se le diese cristiana sepultura. Más tarde en su segunda tumba situarían un buzón donde irían a parar diferentes escritos de la gente que quisiese enviarle alguna carta. Escritos que son recogidos periódicamente.

       En cuanto a su mujer y su hijo Josefina Manresa y Manuel Miguel siguieron muy a gala los avatares del destino, del destino que les había dejado la vida. Al cabo de 9 años de la muerte de Miguel Hernández el Régimen del General Franco les ofreció una beca para que Manuel Miguel estudiara siempre y cuando no se publicara nada de Miguel Hernández ni en España ni en Sudamérica. Evidentemente Josefina los mandó literalmente a la mierda.

      Señalar que Manuel Miguel, murió jóven con 45 años y su madre Josefina le sobrevivió tan solo un año más. Así las cosas, la depositaria de la obra de Miguel Hernández sería su nuera y la Ley de Memoria Histórica en 2011 declaró por supuesto que Hernández había sido completamente rehabilitado.
 
      Ni que decir que unos de los mejores cantautores españoles (para mí el mejor) basa su obra en no poco en la obra de Miguel Hernández. Ese cantautor es Joan Manuel Serrat. Ese a cuya madre, natural de Belchite y que entrando no recuerdo que bando al pueblo mandaron dar aviso a sus tíos para que se pusieran a salvo. Cuando llegó a casa de sus tíos estaban ya muertos y cuando la niña regresó a su casa habían matado a sus padres. Ella con el coraje que da la infancia y la incomprensión de la maldad humana se plantó en una vía del tren y esa vía le llevó a Barcelona caminando. Por eso Serrat es catalán y no aragonés. Lo que ha tenido que sufrir este país!!!!!.


         Como conclusión y en mi humilde opinión Miguel Hernández fue un hombre con muy, muy mala suerte. Una víctima de los tiempos que corren. Escritores, la práctica totalidad del 27 si exceptuamos a Lorca salieron más o menos indemnes. Ni que decir tiene de Dalí que se hacía el loco, o de Picasso que nunca salió de París, siempre fue republicano, y para colmo de disparates lo hicieron director del Prado y en su vida pisó ese museo. Señalar que si se comprometieron siempre lo hicieron en el filo de esa navaja en el cual se encuentra entre el bien y el mal o lo política o no politicamente correcto. Algunos como Alberti se exiliaron y no pasaron por el aro. Otros echaron raíces aquí en España y otros nunca se movieron de su sitio para siempre salir en la foto. El caso de Hernández es completamente diferente. Se comprometió hasta el tuétano, fue un humilde cabrero que llegó a lo más alto y encima tuvo mérito en ambas cosas. Fue siempre un valiente, un suicida por vocación y convicción y eso es tener mérito. Solo ganó un miserable premio en su vida pero el resto de los de su generación llegaron hasta incluso el premio nobel, amén de copar otros galardones a nivel nacional y estar muy pero que muy bien vistos. Intelectuales al servicio de España.

       Y es que la casta imperante, es la casta imperante. En España hablar de castas es como hablar del toro de Osborne que está en todas las carreteras. La casta, es un símbolo sea del color que fuere y hay que estar con ella o en contra de ella. Eso sí, si tomas la segunda alternativa ya sabes a lo que te expones, las más de las veces al ostracismo. Ese mundo de castas se extiende en no poco ahora al periodismo donde el "haz lo que yo te digo pero no hagas lo que yo hago" es moneda de uso corriente. Todo esto unido a las nuevas tecnologías donde ya no hace falta ser un académico para alcanzar infinitos conocimientos está haciendo que en no poco los intelectuales estén perdiendo peso específico. Ellos lo pierden pero las castas siguen donde están. A mí que Reverte me venga con una de sus teorías anticatólicas o que Sánchez Dragó me diga que lo mejor es el Budismo Zen no deja de ser en cierto modo una anécdota porque con internet se puede ser muy comparativo y al segundo. Pero lo que decía Ortega y Gasset a una población que no sabía ni leer ni escribir, para el pueblo era toda una referencia y con razón.También señalar que es verdad que la sociedad necesita de intelectuales porque tanta información a veces se traduce en desinformación y un periodista, novelista, ensayista o locutor siempre pueden ayudar a la comprensión de la realidad en la que nos movemos o cuando menos ser un lucero de referencia.


      P.D.: Dedicado a mi amigo Artur García del foro de César Vidal. No por nada, Arturo es a la sazón alicantino, como Miguel Hernández.