sábado, 15 de febrero de 2014

Un toro en la Gran Vía.




   Gran Vía. La eterna Gran Vía de Madrid. Una de las cosas que más pena me ha dado siempre de esa arteria de la capital en las pocas veces que la he pateado es que se está llenando de moderna decadencia. Vivimos en una sociedad la cual ha hecho de la decadencia no en poco su moderna bandera. Véase, MçDonald´s, Starbuck´s, franquicias y engendros de ese calibre. El comercio de siempre, el de toda la vida se está acabando. Lo auténtico, lo genuino, lo castizo, lo español, lo de toda la vida está siendo fagocitado por el vil metal y las ansias de hacer de un local lo más rentable posible y vivir del cuento, osea, del pelotazo. Ya no hay empresarios como Barreiros ni como Isidoro Álvarez, aunque siempre estará Amancio Ortega que con su labor ha logrado un imperio, aparentemente sin robar aunque muchos lo denosten en no poco. El empresario de hoy en día es el del pelotazo, que lo cogen cagando, lo meten en la cárcel y luego se permite o mejor dicho la ética patria le da el visto bueno para dar lecciones de la vida (que todo parece redunda en economía) de dar lecciones en "Intereconomía" como es el caso de Mario Conde. La culpa no es de Conde, él sigue siendo igual de sinvergüenza y de brillante a la vez, la culpa es del que se lo permite y encima lo exhibe. Conde sabrá mucho de Economía pero el prestigio lo perdió ya hace tiempo, no obstante.... es magnífico y lo veo y lo leo.

       Sin irme por las ramas y volviendo al hilo de la Gran Vía madrileña que mejor que compararla con algo tan patrio como el toro. Y es que allí corría el año 1928 cuando un toro se escapó por la misma y sembró el pánico entre los impávidos madrileños. Era la época de la "dictablanda" de Miguel Primo de Rivera a la sazón el año que Fleming descubrió la penicilina y que sería comercializada de contrabando en "Chicote" en la misma Gran Vía años más tarde. El toro arremetía con todo lo que veía. Viandantes, comercios, coches, caballos, e.t.c. Hasta que un matador de toros que pasaba por allí se percató de la jugada, le dió unos pases con el abrigo y mandó a un mozo a su apartamento a que le trajera el estoque para darle muerte allí mismo como así fue. Hubo de todo, olés, vivas, pañuelos blancos, ovaciones... todo lo que redunda en el mundo del toro se dió cita en la Gran Vía de Madrid en una gran faena de Diego Mazquiarán, "Fortuna", el torero que dio muerte a ese toro. Era la época del torero de extracción humilde, baja, hambriento, que se curtía a base de bolos en plazas misérrimas a cambio de pasar la gorra y que se alimentaba las más de las veces de robar patos, gallinas, o de simplemente saltar una valla para comerse una manzana. No todos se han apellidado Rivera ni Díaz, aunque éste último se curtió quitándose el hambre fumando, siempre dijo que el tabaco le había salvado de morir de hambre.


   Conclusión: Os imaginais ahora en la Gran Vía de Zaragoza un toro suelto?????. Se darían cita todo tipo de gremios: Bomberos, Sociedad Protectora de Animales, Policía Local, Nacional, Guardia Civil, Concejal de festejos con sus 37 asesores, Alcalde y 37 asesores, Defensor del Pueblo y 37 asesores, protaurinos, antitaurinos, Aseguradoras, antidisturbios, helicopteros.... De todo. En Madrid en el año 28 un torero que pasaba por allí dió muerte al toro sin más. Muerto el toro se acabó la rabia. Os aseguro que si eso mismo pasaba hoy el torero iba a la trena fijo por sinvergüenza y maltrato animal.
   Diego, dio muestras de una entereza, profesionalidad y ubicuidad sin límites. Que se escape un toro, es posible pero que por allí pase un torero y que salvaguarde la integridad física de los transeuntes es poco menos que imposible. Señalar que hace poco en no se que pueblo escapose uno y la Policía tuvo que matarlo a tiros al pobre y si mal no recuerdo creo mató una señora. Si "Fortuna" hubiese estado por allí quizá hubiese detenido esa carnicería tanto humana como animal.

   Decir en contra de Diego que con un Mihura o Domecq de los de ahora no lo mata ni con metralleta y el abrigo se lo hubiese dejado echo jirones. El encastamiento actual pare auténticas bestias de matar que se situan en lo más alto de la pirámide animal, en un psicópata que mata por placer y no por comer. El toro de hoy es un animal de diseño para la Fiesta Nacional, esa Fiesta de la cual no pocos reniegan pero que queramos o no es cultura nuestra. Al toro lo cantó Lorca, Dalí, Miguel Hernández, Picasso, Orson Welles, Alberti, Hemingway... y no eran ningunos incultos y ni mucho menos tontos. Es la realidad en torno al toro. Admito que haya gente que no le guste la Fiesta, crea que es una barbaridad, pero es la única realidad y sello de identidad de España para bien o para mal.