sábado, 15 de marzo de 2014

La habitación 510 del Hotel Corona de Aragón.



    




      Corría el año 1979, abandonando 1978 y más lejano 1977 cuando se produjo un luctuoso hecho en Zaragoza. El incendio del hotel Corona de Aragón. No por nada cito tres años. 1977, 1978 y 1979. Tres catátrofes seguidas en tres años. La primera Los Alfaques, la segunda Los Rodeos en Tenerife y la tercera el hotel Corona de Aragón. Sin duda alguna, el trienio maldito. Pero el de Zaragoza tiene sus tintes políticos y muy, muy conspiranoicos.

      Es una de las cosas que más impregnadas tengo en el cerebro. Mi abuelo me llevó a ver tan lamentable suceso a la tierna edad de 7 años. Evidentemente, no ví tirar a niños por la ventana, ni mujeres ni hombres. Me llevó cuando el incendio estaba ya controlado. No en vano mi abuelo de aquella vivía en la calle del General Franco número 30 ahora, Conde Aranda y lo hacía al lado del hotel.
  
      El incendio tuvo su enjundia, ya que no por nada estaba Doña Carmen Polo de Franco, a la sazón viuda del General Franco la cual fue testigo de excepción de tal desventura y que sitaba en Zaragoza para entregar los despachos militares en la Academia General Militar de Zaragoza. Carmen y.... generales hasta en la sopa. De hecho, ese día el hotel más que nada parecía un cuartel militar pero de alta graduación. Lo mínimo, Coronel para arriba. Y no había Mariscales porque tal título no se otorga en España. Ni que decir tiene que Doña Carmen y sus adláteres fueron los primeros en salir de ese infierno como es preceptivo. Aquí en vez de las mujeres y los niños primero fue: "Doña Cármen y luego el resto....". En descargo de Doña Cármen señalar que sus guardaespaldas ayudaron y mucho en las tareas de desalojar gente de aquel infierno.

      12 de Julio de 1979. Un incendio en la churrería de al lado del hotel se propagó por todo el edificio provocando una catástrofe donde más de 80 personas perdieron la vida. En ese incendio hubo, hay y habrá de todo.

     Se dió un lamentable caso de unos padres que arrojaron a su hijo por la ventana presas del pánico para que al menos el niño se salvara. El niño murió pero con muy buena o mala suerte sus padres se salvaron gracias a que una plataforma de los bomberos pudieron rescatarlos. Imaginad la escena. Unos padres con vocación de salvar a su hijo lo inmolan sin remedio intentando salvar al niño de una muerte cierta.

     Gente que se tiraba sin ambages por la ventana y entre ellos un testigo que pudo serlo pero no lo fue: Jorge Valdano. Entonces campeón del Mundo de futbol. No en vano ese año había sido traspasado del Alavés al Real Zaragoza. Por diferencias con la dirección de ambos equipos dicen unos, un lío de faldas otros, Valdano por su espíritu rebelde y no muy de acuerdo con el traspaso decidió no ir con la directiva del Alavés. Así las cosas fue al otro día en autobús y a su llegada a Zaragoza se encontró con el incendio. Jorge, el poeta del gol, llevaba en su cartera el billete que un día antes le ofrecía la posibilidad de pernoctar en tal maldito hotel y un pasaje a la muerte. A Valdano se le dio por desaperecido (muerto) y no fue hasta que telefoneó a sus padres en Argentina cuando se aclaró el incidente. Jorge Valdano, milagrosamente salvó la vida.

       Su compañero de traspaso, Badiola no corrió la mejor suerte. Se arrojó desde una ventana y se quedó inútil para ejercer de jugador de futbol durante toda su vida. Cuenta Valdano, como se dirigió al hospital Miguel Servet para visitar a su amigo y vió dos niñas preciosas con una pequeña mancha en la nariz. Sencillamente fueron víctimas no del fuego sino de los gases.
 



       No voy a entrar en disquisiciones sobre que pasó en ese hotel por piedad y respeto hacia las víctimas que dicho sea de paso fueron muy mal tratadas. La lista de desatinos sería muy larga, desde tres focos de incendio (como en realidad se demostró) y no uno. Hasta el descubrimiento de trazas de napalm en distintos sitios y la teoría de la conspiración: Limpiar a mucho fachorro de encima que acompañaba a Carmen Polo y así dar un giro la ultraderecha para apropiarse del poder. En mi humilde opinión, lisa y llanamente fue un terrible atentado terrorista de ETA y no del FRAP (Frente Libertario Antifascista y Patriota).


        Ahora sí me ocupo de por lo que he escrito este post:

        La Habitación 510. Según dicen, está maldita. Tampoco es que me crea a pies juntillas esto ni sea un avezado creyente de hechos sobrenaturales, pero sí decir que el asunto tiene su miga. Según testigos, nada más entrar se nota un extraño calor en dicha habitación, la televisión se enciende sola, el teléfono llama sin nadie al otro lado de la línea y los picaportes de la habitación tanto de la entrada interior como del baño arden. Cambios de temperatura radicales, ruidos extraños y demás se suceden en ese receptáculo de la 510. Aunque no me lo crea os aseguro que os regalo una noche allí aún con el minibar lleno. Soy de natural prudente, tengo la conciencia tranquila y de normal duermo bien.

 




      Ya solo con los espejos se me ponen los pelos como escarpias. El director del hotel, asegura que no pasa nada (es lógico). Es una "junior-suite" pero prefiero dormir en un pajar al raso a hacerlo en esta habitación y encima pagando. Peor aún ahora... Desde que se produjo el incendio y si alguien viene a Zaragoza o el que pase por allí se puede percatar muy seriamente desde la calle de que en las habitaciones ya no hay posibilidad de salida. Es imposible salir de allí. Ya no hay balcones desde ese incendio. No hay ninguna posibilidad de salir de las habitaciones si no es por la puerta de acceso a ellas y bajando las escaleras del hotel. Sencillamente la empresa la cual cogió el inmueble hizo un estudio sobre el incendio y constató que murieron las más de las víctimas arrojadas al vacío y no por el fuego ni por el humo. Menuda solución.... a mí me produce una sensación de terror a la vez que claustrofóbica. No se a vosotros.





 










        Señalar que el hotel Corona de Aragón fue verdad y no ficción como el hotel "Overlook" de la película "El Resplandor" y libro "El Resplandor" de Kubrick y King respectivamente. Decir, que sí hubo una tragedia en el Corona y no en el Overlook y que quizá haya algún día en el que Nicholson se aparezca en ese espejo de la habitación 510, pidiendo un whisky de más a un camarero inexistente. Pasará el tiempo, el Corona seguirá ahí pero arrastrará siempre un hedor a muerte del cual nunca se librará. Un hedor tan nauseabundo como el del hotel Overlook. Paso por ese hotel todos los días para llevar a mis hijos en bus o en coche al colegio. Muchas veces me quedo mirando esa mole de cristal, cemento y hierro y en no pocas ocasiones contemplo la planta quinta. Recorro con la mirada toda la línea de ventanales y se que la 510 la acabo de ver. Acto seguido, me meto en mi coche o cojo el bus y me voy a mi casa porque se positivamente que allí estaré más tranquilo que en la 510 del hotel Corona de Aragón. Los hoteles y más sus habitaciones tienen su encanto. Esas vidas pasadas en esas suit son algo que pertenecen al pasado. Los domina una pátina de pretérito indisoluble. En muchas de ellas se amó, padeció, sufrió, alegró, cantó, trabajó y rió. En esa misma cama se durmió y delante de ese mismo espejo se miró a la cara una persona sin ver ni existir nada aparente, pero en su día sí pasó por ahí al igual que nosotros. Las más de las veces de forma ordinaria o alegre. Un torero con más pena que gloria ya que la plaza está al lado, un gris hombre de negocios, una ardiente pareja, un cantante de rock (Black Crowes durmieron en ese hotel), un grupo de militares, algún jugador de futbol como Jorge Valdano o más en concreto el malogrado Badiola. Un perdedor en un casino o un escritor de renombre que se inspiró en un hotel como así lo hiciera Stephen King en su "opus magnum", El Resplandor.

      


 





             Los calcetines... molan.