martes, 11 de marzo de 2014

La pecaminosa y libidinosa muerte de Fernando El Católico.


     



    Corría el año 1469 cuando en España tuvo lugar un regio matrimonio. Se unían pues en católico enlace dos reyes que a la sazón pasarían a la Historia como el matrimonio más importante que daría nuestro país. Los contrayentes eran nada más y nada menos que Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

      Así las cosas, se iniciaba uno de los reinados más sustanciosos de la Alta Edad Media. A ellos y solo a ellos se les atribuyó el descubrimiento de un nuevo continente, la rendición del último bastión árabe con el desventramiento de Granada y la expulsión de los judíos de España y que no en poco este último hecho estaría más plagado de sombras que de luces. A mi humilde entender se le privó a España de una estructura gremial más que notable y loable, una cultura la cual sí sabía cuando menos leer y escribir, sumar y restar y en definitiva se prescindió de unos socios comerciales que a duras penas los hubo mejores. Amén de la ominosa traza conducta de tratar a una etnia tajo parejo a lo que está haciendo ahora Isis y si alguien me apura hasta el Tercer Reich. Decir y descargar de toda duda a España en eso que se llamó la empresa de América. España no entró como elefante en cacharrería en el nuevo continente. Lo hizo desde la piedad católica, cometió injusticias, tomó el pelo a los aborígenes, importó enfermedades, convirtió, llevó un idioma, quizá violó y se propasó pero nunca y bajo ningún concepto tanto como lo hízo Inglaterra y sus hordas protestantes. Fray Bartolomé de las Casas es un claro ejemplo en defensa de esos aborígenes. Lo cual, y en parte tampoco nos exhime de alguna injusticia cometida dicho sea de paso que por haberlas las hubo sin duda. No en vano el mayor imperio de la Historia de la Humanidad (España) también tuvo no pocos fallos.

    Pero centrándonos en el argumento ir y venir de este post no estamos aquí para hablar de las magnas empresas de los Reyes Católicos sino para alterar por completo ese "Tanto Monta, Monta Tanto" porque en realidad no montaban miaja. Fernando era un hombre promíscuo. No se conformaba con nada y palacio no era sino un ir y venir de cortesanas y doncellas sin cuento a las cuales el bueno de Don Fernando no dejaba pasar sin antes regia y católica coyunda, Dios ante todo, porque Don Fernando era muy católico. Doña Isabel estaba ya hasta las narices y los arcos de medio punto de cualquier palacio que se preciara llevaban ya más rayas que el plato un loco. Así las cosas, Doña Isabel ante los rumores infundados y su más que tácito ridículo martirizaba y zahería a su esposo con continuas privaciones de sexo a la par que prohibía la entrada de toda mujer en palacio. A don Fernando esto aún lo enardecía y excitaba más y más por lo que la poca mujer que entraba en esa católica residencia era acosada por Fernando el cual las más de las veces conseguía sus propósitos. No en vano era rey y a un rey no se le hace ese feo. Como podéis apreciar la situación ha cambiado poco hasta nuestros días. "Es bueno.... ser rey..." Como en aquella película de Mel Brooks llamada "La Loca Historia del Mundo".




   
        Corría pues el año 1504 cuando Isabel falleció de hidropesía. Solo, triste y desamparado Fernando tendría que conducir los designios de su reino, como legítimo en el de Aragón y regente en el de Castilla a la muerte de ese Felipito "El Fermoso". Ya no tendría que guardar la espera con su mujer y en definitiva era libre. Libre como un pájaro en sus libidinosas lides amorosas. Estoy completamente convencido que tras entonado el gori-gori, las exequias y despojado de un luto de unas horas Don Fernando empezaría a zarcear ya por palacio en busca de víctima de lujuriosa ralea, siempre católica, claro. Así las cosas el cincuentón Fernando tendría que buscarse una mujer para perpetuar su linaje y eligió a Germana de Foix, una mujer gorda, fea y coja (de seguro tendría hasta bigote) procedente de una casa francesa y muy fogosa en la cama pese a su pecaminoso aspecto. Fernando a estas alturas ya no estaba para esos trotes y menos para satisfacer de continuo a su ardiente mujer. Eso sí, a pesar del adefesio que tenía por esposa Don Fernando nunca le hizo ascos. Todo caballero.

        
  Así las cosas, nuestro protagonista no dudaba en ingerir todo tipo de alimentos que le proporcionasen el vigor sexual deseado. Ingería enormes cantidades de ostras, testículos de toro, mejillones y almejas dando los funestos resultados que todos suponemos. Hasta que el método vino de la mano de su mujer: Testículos de toro bien aderezados con cantárida. La cantárida es un diminuto insecto que una vez seco y triturado produce una erección sin límites y durante horas y horas. Fernando ya no tendría que preocuparse de sus erecciones. Vendrían rodadas, tendría suficiente vigor y de seguro lograría engendrar un heredero.

       Como dijo Paracelso "no hay drogas sino dosis" y un mal día Fernando se pasó de la raya. Ese día tras dejar el pabellón aragonés y castellano bien alto y a Germana satisfecha le sobrevinieron todo tipo de desarreglos físicos y a resultas de ellos murió sin remedio de... una hidropesía y un mal de corazón al igual que su otrora esposa la Reina Isabel. Sencillamente pienso le dio un infarto por lo vasodilatador de la cantárida.

       En fin...... la historia del sexo de nuestros monarcas. Se podrían escribir libros y libros y solo centrándonos en los Austrias y los Borbones. Lo malo de todo esto es que ya se han aprendido la lección. La consanguinidad genera enormes trastornos genéticos como por ejemplo la hemofilia que se transmite de madre a hijo hasta el punto que Carlos II El Hechizado a la sazón último Austria no pudo ni reproducirse por tener unos testículos atrofiados dando lugar a una guerra, la Guerra de Sucesión y que dio lugar a una dinastía maldita, la de los Borbones con no pocos desarreglos políticos, institucionales y económicos al fin y a la postre. Porque desde Fernando el Séptimo ese maldito felón no hemos levantado cabeza....
    

       Decir, que Juán Carlos I también ha sido pródigo en escándalos amorosos. La cornamenta de la Reina Sofía según dicen las malas lenguas sonrrojaría a cualquier ciervo salvaje de la estepa finlandesa y por lo que puedo apreciar Felipe VI, de momento no cojea de ese pie pero.... eligió pareja por su propio gusto y no a resultas de ningún tratado internacional a la par que siempre tuvo sus escarceos premaritales como todo hijo de vecino. "Es bueno ser príncipe y luego rey...."


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        Con lo cual la herencia está bien asegurada y su hijo no estará afectado ni intoxicado por la consanguinidad regia que se ha enseñoreado en toda Europa durante la historia de todas las dinastías.

      Para nada he entendido nunca la conducta de Don Juán Carlos I rey de España. Si fuera cierto lo que se dice por ahí mala prensa le ha hecho a su mentor el General Franco. Juán Carlos se educó con el General Franco y el dictador siempre lo tuvo como a un hijo. Lo que en asuntos de cama que no de protocolo y saber estar Don Juán Carlos debió hacer caso omiso al magisterio del General. Decir que el General Franco fue de todo menos gastador. Un tipo que vivió en un cuartel militar por El Pardo llamado y que lo adecentó como residencia palaciega (siempre creyó rey, ergo Grande de España) y que dormía con Doña Carmen Polo en camas separadas con el brazo incorrupto de Santa Teresa en medio es del todo un devoto católico, librando una cruzada tanto política como ayuntatoria. Con la reliquia en medio he de decir que a mí ni con cantárida. Aún así logró fecundar a Carmen Polo, tener a Carmencita y... hasta luego Lucas porque no pocos historiadores y exégetas de Franco afirman y confirman, que salvo en ese buen día nuestro Dictador por la Gracia de Dios jamás tuvo relación alguna más, como si ellos hubiesen estado allí, claro.

       Si los historiadores e hispanistas aún no se han puesto de acuerdo del número de muertos de Guernica o en la Guerra Civil imaginaos divagando sobre la conducta sexual de Franco........