miércoles, 30 de abril de 2014

Louis Pasteur



     
     Hoy nos vamos a centrar en el ejemplo de la tenacidad, de la cabezonería, de la perseverancia y de la intuición. Hablaremos de todo un genio del Siglo XIX. Hablaremos de Louis Pasteur.




         Y... es que entendió como pocos aquella idea de lo que era la prevención. En medicina hay dos pilares, la prevención y el diagnóstico. Si la prevención falla entra en escena el diagnóstico y si el diagnóstico falla el enfermo nunca se cura. Si la prevención acierta no hace falta recurrir al diagnóstico ni por tanto a la solución. Vamos pues con la prevención y Louis Pasteur.

        Corría el año 1822 y más en concreto un 27 de Diciembre cuando vino al mundo en Dole un pueblecito francés un niño llamado Louis Pasteur. Hijo de ex sargento del ejército napoleónico al igual que Victor Hugo tuvo una felíz infancia muy arropado por sus padres. Señalar antes de todo que Louis es un ejemplo de saber hacer por parte de padres y educadores. Sin ser un niño excesivamente brillante sus padres y tutores supieron encaminarlo muy, muy bien para lo que sería en su futuro. Fue un ejemplo de esos que se dan en la vida de hombre que con más o menos recursos y gracias a él mismo y el apoyo de los suyos llegó a lo más alto.

        Su padre abandonó el ejército una vez depuesto Napoleón tras la campaña de los 100 días y abrazó como nuevo oficio el de curtidor. Su padre fue el típico ejemplo de hombre trabajador, tenaz, dedicado a los suyos y a los demás. Y... el pequeño Louis tomó muy buena nota de ello. Decir, que Louis desde pequeño trató muy bien a sus semejantes y a los animales. No soportaba para nada el daño que aquellos niños de su pueblo les daban.

       Así las cosas, el profesor de su pueblo dividió la clase entre los alumnos más aventajados, quedándose Louis como uno lo que se diría mediocre, lento, reflexivo, muy, muy observador pero tremendamente trabajador. A puro de trabajo conseguía sus objetivos académicos, logró hacerse con el título de Maestro en la Escuela Real de Becancon y su profesor habló muy seriamente al respecto con sus padres. Ya que Louis debido a su tenacidad se merecía una oportunidad.

      Con estos mimbres su profesor logró convencer a sus progenitores y emigra a la Escuela Normal de París. Pero echaba mucho de menos a sus padres. Un buen día su padre apareció en la ciudad por sorpresa para visitarlo. Louis se arrojó a sus brazos con lágrimas en los ojos y ya no quiso quedarse en esa ciudad, volvió a su pueblo para al año siguiente replantearse su futuro y regresar a la ciudad del Sena por lo que así las cosas se hízo profesor de Química. Su alojamiento estaría costeado por él mismo ya que daría también clases a los hijos del casero y éste que le había caído en gracia el joven Louis solo le tendría que abonar una cuarta parte de su manutención.

          Es en 1843 cuando ingresa en la Escuela Superior, aprueba unas oposiciones de Física y renuncia a la plaza por dedicarse a la investigación. En Agosto de 1847 se titularía como Doctor en Ciencias. Pero en 1848 ocurre una de sus primeras fatalidades, su padre muere dejando triste y costernado al joven Louis, el cual ese mismo año descubre la estructura del ácido tartárico. El SigloXIX como muchos anteriores y hasta bien entrado el XX fueron siglos de inmovilismo en lo científico. Así las cosas un viejo profesor de 74 años el cual se burlaba de él y de sus trabajos le desafía a que le demuestre la estructura del Ácido Tartárico. El viejo profesor quedó tan sublimemente emocionado que inmediatamente se echó a llorar. Acababa de descubrir lo que era un genio, ese genio se llamaba Louis Pasteur y le sería concedida la Medalla de la Legión de Honor con tan solo 26 años. Y en 1854 pasaría a ser Decano de la Universidad de Ciencias de Lille.

         Señalar que esto no era sino el comienzo de una larga amistad con la Ciencia. Ya que si por medallas, títulos y honores su ataud el día de su muerte no hubiese parecido sino el baúl de la Piquer porque Pasteur es el ejmplo de hombre que acumula, acumula, acumula y nunca hay suficiente por lo que en realidad su ciencia solo tiene un depositario común: La Humanidad entera.

        En lo político, son tiempos difíciles. Gobierna Luis Felipe de Orleáns es sucedido por otro Napoleón, Napoleón III, por prohibir se prohibe hasta la barba en los hombres y a Louis se le obliga a desempeñar su oposición dejándole el tiempo justo e imprescindible para su pasión: La Investigación.

        Se traslada pues a Lille y entra en contacto con los maestros y empresarios cerveceros de la zona los cuales le explican la baja calidad de la cerveza debido a la mala fermentación por lo que Pasteur empieza ya a coquetar con el mundo de las bacterias y a sospechar que el fermento no es una cosa, sino una bacteria. Con unos empresarios vitivinícolas probó a elevar la temperatura del vino hasta los 44 grados centígrados durante unos minutos eliminando de una vez por todas todo aquel agente patógeno que pudiese degradar el vino, la leche o la cerveza. Había descubierto la Pasteurización. Así pues por aquellos entonces había una teoría muy respetada entre los científicos, la teoría de La Generación Espontánea, en donde así de claro, una camisa sucia y abandonada en el monte era capaz por ejemplo de por sí sola de generar por ejemplo ratas sin ningún tipo de agente externo. Pasteur, demostró que no era así. Que eso era un tremendo disparate y lo demostró con caldo de carne. Expuso dos tipos de caldo. Uno cerrado herméticamente y otro expuesto al aire. Y en la Sorbona demostró que el expuesto al oxígeno se corrompía no por sí solo, sino por agentes externos que los rodeaban, véase polvo o esporas. Algo lo cual a estas alturas nos parece tan vulgar como simplemente lavarnos las manos o hervir una jeringuilla antes de utilizarla y que como luego expondre se deberá tan sana práctica al personaje que nos ocupa.




        Como bien he dicho antes a Pasteur le sonrrió la vida en lo académico pero no en lo familiar y en 1854 murió su hija mayor de una infección. Pero la suerte le seguía siendo esquiva. En 1856 morirían dos hijas más Camille y Cecille. Por si esto no fuera suficiente calamidad a Pasteur le dio un derrame cerebral que lo dejaría postrado en una silla hasta 1869 y aún así siguió con sus experimentos, la tenacidad ante todo. No por nada quedaba todavía lo mejor. Con estos antecedentes y ya con los pilares bien echados Pasteur le declararía ya de por vida la guerra a las bacterias. En una comunidad científica tremendamente inmovilista y tras diversos estudios con gusanos de seda Pasteur llegó a la conclusión de que los microbios tenían una relación completamente directa con la esperanza de vida en los hospitales. Sencillamente los cientícos de aquel entonces no se creían que un microbio tan estrictamente pequeño pudiese acabar con la vida del resto de células. Avalado por otros bacteriólogos que sí lo apoyaban ordenaron hervir sin excusa todo aquel instrumento quirúrjico a la hora de acometer una operación y los resultados fueron abrumandoramente satisfactorios. Decir, que por aquel entonces un médico podía tocar un cadáver a la hora de certificar la muerte del mismo y a los 10 minutos servir con esas manos de cirujano en una operación sin habérselas lavado. Sencillamente se pensaba que en la suciedad no había microbios. En no pocos parideros el microbio puerperal fue completamente eliminado y recomendó hervir todos y cada uno de los instrumentos quirúrjicos a temperaturas de entre 110 y 130 grados centígrados.

       La historia cuenta que Pasteur iba a tomarse unas vacaciones y ordenó a su colaborador que a unos pollos les inoculase la bacteria aviar para hacer un experimento. Así las cosas a su ayudante se le olvidó hacerlo y también se fue de vacaciones. A su regreso se dio cuenta del problema y aún así se les inoculó las bacterias, ante la sorpresa de que los pollos desarrollaban muy poco la enfermedad y se habían hecho inmunes a la misma. Acababa de descubrir las vacunas. El proceso fue que al tener las bacterias durante bastante tiempo aisladas, estas perdieron fuerza y actuaban de forma errónea pero paralelamente el organismo sano las había asimilado y se mostraba  a partir de entonces inmune a las mismas gracias a que sus defensas ya sabían como combatirlas.

         Esto ya, fue un éxito rotundo tanto para Pasteur como para la Humanidad. Como os he dicho, un maestro en el arte de la prevención médica. La Tercera República Francesa le otorgó un sueldo de 2.500 francos para que siguiera investigando, esta vez con conejos.

        En el año 1885 un niño llamado Joseph Meister fue mordido por un perro con rabia, contagiándosela al infelíz. Pasteur había estado investigando el tratamiento de la rabia con conejos desecando su sistema nervioso una vez infectados. Pasteur había probado ya la vacuna en perros pero nunca en hombres, ante lo cual se le planteó un problema ético en ese sentido ya que no era tampoco médico. Pero un grupo de bacteriólogos lo animó a probar la vacuna en el niño, el cual salvó la vida sin ningún problema. Había descubierto la vacuna antirrábica. Un éxito que le valdría el calificativo de héroe en Francia y la verdad es que no fue para menos. Reconocer que aquí Pasteur se jugó mucho su reputación. Si hubiese salido mal no poca parte de la comunidad científica de la época se le hubiese echado encima, pero él quiso arriesgarse po sí mismo con tal de salvar el mal de un niño sin remedio. Son esos momentos en los cuales uno se juega todo el prestigio a una carta. Hoy para ello habría que haber pedido permiso al alcalde, al Defensor del Pueblo, a la Guardia Civil y a algún asesor como pasó hace poco con esa niña que murió sin remedio por un quítame allá esas pajas con las ambulancias y que ninguna quiso atenderla.

        Pasteur murió un 27 de septiembre de 1895 a la edad de 73 años. Se había ido pues el mejor bacteriólogo de la Historia de la Humanidad. Otros continuarían su obra. Madamme Curie, Fleming del cual ya híce un monográfico en este nuestro blogg y que os pondré a continuación, el colombiano Manuel Patarroyo y tantos otros más.

http://laverdadteharalibre6.blogspot.com.es/2014/04/fleming-y-la-penicilina.html

      Cuando le preguntaron sobre qué frase quería le pusiesen en su epitafio atinó a decir:

         "Joseph Meister vivió"

      Y vaya si vivió, Meister y tantos otros como nosotros que en no poco le debemos la vida, claro que sí.

        Hoy los restos descansan en la fundación que él mismo creó en el año 1888. La Fundación Pasteur.